18/8/17

El científico que descubrió que era un asesino en potencia

El científico que descubrió que era un asesino en potencia


El neurólogo James Fallon estudiaba los cerebros de psicópatas cuando vio que el suyo era exactamente igual.

elespanol.com

El trabajo de un científico es descubrir cosas nuevas, pero pocos tienen la oportunidad de aprender algo importante sobre sí mismos y es casi seguro que nadie ha tenido nunca una revelación personal tan terrible como la que experimentó James Fallon una tarde de 2005.

Este profesor de neurología de la Universidad de California en Irving estudió durante años la base genética del comportamiento. A petición de un colega, comenzó a examinar algo más concreto: cerebros de psicópatas. A través de las imágenes de tomografía del cerebro, los científicos saben que este tipo de personas presenta una baja actividad en ciertas áreas de los lóbulos temporal y frontal, que son los que están relacionados con la empatía y con aspectos vinculados con la vida en sociedad, como los valores morales y el autocontrol.

A la vez que analizaba las imágenes de colores que mostraban los cerebros de asesinos psicópatas, a James Fallon se le había ocurrido estudiar los de su propia familia, así que el día en cuestión le llevaron los resultados hasta su mesa de trabajo. Tras echar un primer vistazo, confiesa que se sintió aliviado, no venían con nombres, pero todas eran tomografías muy normales, con predominio de los colores rojos y amarillos que indicaban una importante actividad cerebral en las zonas relacionadas con la empatía.

Todas menos una. Uno de los escáneres mostraba un cerebro con muchas zonas en tonos azules, calcado a los de los peores psicópatas que estaba estudiando. Por eso, pensó que el técnico las había mezclado, pero tras realizar las comprobaciones pertinentes descubrió no sólo que pertenecía a su familia, sino que estaba ante la imagen de su propio cerebro.

Antecedentes familiares

Al principio se lo tomó con buen humor. "No me sorprende", dice que afirmó su mujer al conocer la noticia. Más tarde siguió indagando y se sometió a análisis genéticos y descubrió que tenía las variantes del gen MAO-A que predisponen a un comportamiento más agresivo. Es más, al parecer en su familia había casos de violencia fuera de lo común, incluido un matricidio ocurrido varias generaciones antes.

Sin embargo, "yo no maté, ni violé, ni hice nada parecido", ha llegado a declarar. "Los genes cargan el arma y hacen que alguien sea vulnerable para convertirse en un psicópata", pero "la biología no te sentencia".

Fallon ha llegado a desarrollar una teoría muy concreta: para que se expresen los genes violentos hay que sufrir un episodio traumático en la niñez y así lo explica en sus conferencias.


"Psicópata pro social"


Como no es su caso, se autocalifica como "psicópata pro social", de manera que, aunque carece de la empatía que tienen la mayoría de las personas, es capaz de seguir las normas y tener relaciones sociales normales, pues se casó con su amor del instituto y tiene tres hijos y muchos amigos.

En su libro The Psychopath Inside (El Psicópata Interior) explica toda esta historia y la fascinación que le produce la complejidad del ser humano, tan marcado por sus genes como moldeable por su ambiente.

17/8/17

Psicopatía y envejecimiento, ¿ya no es tan fiero el león? [17-8-17]

Psicopatía y envejecimiento, ¿ya no es tan fiero el león?



Psicopatía y envejecimiento parecen ir en sentido contrario. Algunos rasgos psicopáticos parecen atenuarse a medida que envejecemos.
 El psicópata es uno de los personajes más populares del cine y la literatura de suspenso. Por lo general los encontramos encarnados en la forma de asesinos serie como el ya célebre Hannibal Lecter, representado por Anthony Hopkins en “El silencio de los corderos”.

Sin embargo, la psicopatía no es una creación exclusiva de guionistas o escritores, sino un trastorno de la personalidad largamente estudiado por psicólogos y psiquiatras. Un hecho sorprendente es que estos chicos crueles y abusivos comienzan a ablandarse al llegar a la vejez y se convierten en leones ya no tan fieros. ¿Cómo es que sucede? Sigue leyendo y podrás enterarte.


¿Qué es la psicopatía?


Existen muchas definiciones, pero para adentrarse en el campo de la psicopatía, dos autores son claves: H.M Cleckey y Robert Hare. Según Cleckey, lo que define a un psicópata es su peculiar mundo emocional casi inexistente. Ellos pueden simular que son como cualquiera de nosotros y por lo general lo logran durante mucho tiempo, sin embargo, en realidad la frialdad emocional es su estado predominante.

A su vez, Robert Hare ha planteado que la psicopatía está representada por dos factores, uno de ellos correspondiente al desapego o frialdad emocional con un protagonismo de actitudes crueles y manipuladoras hacia los demás. El otro está referido a su peculiar estilo de vida, donde la inestabilidad y la incursión en conductas delictivas son fundamentales.

Algunas de las características que describen estos autores para el reconocimiento de los psicópatas, son las siguientes:

  • Inteligentes y encantadores
  • Casi nunca se muestran nerviosos
  • Mienten hábilmente, con facilidad
  • No tienen sentimientos de culpa
  • Conducta antisocial o criminal
  • Pobre afectividad
  • Sentimiento de grandiosidad (creen que son la octava maravilla).
  • Ausencia total de empatía

Psicopatía y envejecimiento ¿Qué sucede?

En diversas investigaciones los científicos han encontrado que algunas de las características de los psicópatas se atenúan a medida envejecen. Tomando como partida el modelo de Robert Hare, se llegó a establecer que mientras la tendencia a ser crueles y manipuladores se mantiene en la vejez, el estilo de vida inestable y la tendencia a la criminalidad disminuye.

Los estudios para llegar a estas conclusiones se realizaron sobre todo con psicópatas de rasgos muy acentuados, aquellos que podrían ser denominados psicópatas patológicos. Sin embargo, los científicos saben que la psicopatía no es una cuestión de todo o nada y que muchos de sus rasgos se dan en el resto de la población.

Por ello, decidieron investigar también a personas que no son considerados psicópatas pero que sí presentan algunos de sus rasgos. Encontraron que, a diferencia del primer grupo, en esos el envejecimiento parece correlacionar no solo con una disminución del estilo de vida errático y las tendencias delictivas, sino que se atenúan, de cierta manera, aspectos como la crueldad y la manipulación.


¿Cómo se explican los cambios que experimentan los psicópatas al envejecer?


Básicamente se han establecido tres posibles causas para estas variaciones. Pueden actuar de forma individual o combinada y no se expresan de la misma manera si se trata de un psicópata patológico, que si estamos ante un caso de rasgos psicopáticos relativos al resto de la población.


Cambios neurobiológicos

El origen de la psicopatía, como en todo fenómeno psicológico, se da a través de una combinación de factores biológicos, acontecimientos vitales e influencias sociales. Específicamente, en el plano biológico, los psicópatas presentan desregulación en los niveles de hormonas como el cortisol y la testosterona y también del neurotransmisor serotonina. Todas estas sustancias declinan en la vejez, siendo esta una de las hipótesis que se manejan para explicar la atenuación de los rasgos psicopáticos, tanto en los casos patológicos como para el resto de la población.


Experiencias vitales

Si bien las experiencias vitales son claves en el establecimiento de los rasgos psicopáticos, es posible que el transcurrir de la vida brinde a los psicópatas un aprendizaje en relación a  qué conductas son más aceptadas y cuáles encuentran desaprobación o conducen al fracaso.

Esto explicaría de manera general la atenuación de la totalidad de los rasgos en la población general. Mientras, en los casos de psicopatía más extrema, los déficits que tienen para conectar con las emociones de los demás estaría en la base de que sea menos eficiente su aprendizaje.


Cambios situacionales

Por otra parte, debe prestarse atención al entorno en el cual se envejece. Una trayectoria de vida relativamente normal puede dotar a las personas con rasgos psicopáticos leves de recursos para satisfacer sus necesidades sin manipular a los demás o sin infringir la ley. Por el contrario, el encarcelamiento puede acentuar conductas psicopáticas como medida adaptativa para no ser victimizados en estos contextos. Por otro lado, la disminución de la vida errática y criminal, tendría también su explicación en las limitaciones físicas que surgen en la vejez.

15/8/17

Esta Es La Forma En la Que Acabarán La Mayoría De Las Personas Narcisistas [15-8-17]

Esta Es La Forma En la Que Acabarán La Mayoría De Las Personas Narcisistas

Resulta imposible pensar que a estas alturas de tu vida no hayas oído hablar alguna vez del mito griego de Narciso. Este guaperas mitológico iba dejando un reguero de corazones rotos por el Olimpo incluido el de la inocente ninfa Eco a la que el chaval hizo sufrir lo insufrible. Para castigar su crueldad con un ser tan puro y bello, la diosa de la venganza, Némesis, hizo que se enamorase de su propia imagen reflejada en una fuente. El final lo conoces de sobra: se quedó tan embobado con su imagen que acabó tirándose al agua y se ahogó.

Pues bien, este mito dio nombre a un trastorno psicológico bastante ‘malrollero’: el narcisismo. Las personas que lo padecen se creen superiores y demandan la adulación de los demás, básicamente como el protagonista de la historia. La psicóloga Amanda Ramos explica que “suelen tener una idea desproporcionadamente positiva de sí mismas, y necesitan la admiración y aprobación continua por parte de los demás”.

Ser narcisista significa, además, ser una persona “vanidosa y egocéntrica”, según Ramos, a lo que se le suma “una falta de empatía hacia los demás”. Por eso las personas que sufren el trastorno creen que deben recibir un trato especial de todos por considerarse a sí mismas superiores y únicas, así que sus mayores aliados, y con los que congenian mejor, son aquellos que se dejan encandilar y los elogian. Y, por supuesto, solo sienten que pueden ser comprendidos por personas (o instituciones) que son también especiales o de alto estatus.

Ramos nos recuerda que el narcisismo es considerado un trastorno mental  y que, por tanto, “resulta crucial saber diferenciar entre rasgos de personalidad narcisista y el Trastorno Narcisista de la Personalidad”. Así, es posible que algunas personas tengan “algunos rasgos narcisistas sin llegar a desarrollar un trastorno” (que es cuando el narcisismo comienza a tener un impacto negativo en la vida diaria y en las relaciones)”.

De hecho, la posesión de más o menos rasgos también será indicativo de un mayor o menor grado de este tipo de personalidad. Se podría pensar que detrás de este tipo de carácter lo que se esconde es un problema de inseguridad, pero la psicóloga explica que una cosa no tiene porqué llevar a la otra. Pese a ello, afirma que “hay quien cree que son personas con baja autoestima y que utilizan esa personalidad soberbia como mecanismo de defensa”.

¿Qué diferencia hay entre egolatría y narcisismo? Parece que la línea que los separa es bastante delgada porque tienen varias características comunes, aunque según comenta Ramos, “la egolatría es más light que el narcisismo”. Aún así, existe una diferencia principal que radica, en palabras de la psicóloga, “en que una persona ególatra, a pesar de contar con poca empatía y, normalmente, sufrir mucha soledad, puede gozar de habilidades sociales”. Al final, eso se traduce en que un ególatra, pese a serlo, puede no ser percibido como arrogante o vanidoso por quienes lo rodean.

Hasta el momento, la definición de narcisismo puede hacernos intuir que las personas que lo sufren pueden llegar a ser un poco ‘difíciles’ para su entorno. Es más: las relaciones que establecen a menudo acaban siendo tóxicas. Ramos advierte de que “aunque estemos acostumbrados a ver personas de perfil narcisista en la televisión o en el cine que pueden incluso resultarnos graciosas o excéntricas, en el día a día pueden resultar irritantes”. Así que no debemos dejarnos engañar, porque esas actitudes repercuten directamente en todos aquellos que los rodean, y a la larga, no suele acabar bien.

La especialista considera que se debería tener en cuenta que “además de su conducta egocéntrica, los narcisistas también se caracterizan por ser personas muy rencorosas, resentidas y vengativas. Suelen gozar haciendo sentir mal a los demás porque así consiguen engordar su ego“. Por si fuera poco, añade, se trata de personas “sumamente competitivas, por lo que terminarán con quienes intenten hacerles sombra”.

Si consigues identificar en tu entorno a una persona narcisista, deberías asegurarte de que no te perjudique  si decides mantener el contacto. Además, la psicóloga aconseja que si esa persona es especialmente importante para ti, “debes aprender a aceptarla, y por supuesto, animarla para que busque ayuda profesional”. Para ello, Ramos recomienda aprovechar “algún suceso que haya cambiado su vida, en el que los elementos que alimentaban su ego se vieron dañados”.

Al igual que ocurrió con el Narciso mitológico, cuyo final no podría inspirar nada esperanzador a los afectados por el trastorno, las personas que lo padecen no lo tienen nada fácil en la vida real. De hecho, según cuenta Amanda Ramos, “es muy común que las personas narcisistas terminen solas”. No debe ser fácil compartir la vida con personas con estos rasgos de la personalidad y la psicóloga explica que, además, “no es habitual que acudan a pedir ayuda profesional”. Así que en estos casos, ahogarse en la soledad, es la consecuencia inevitable de ser incapaz de cuidar de las relaciones personales.

13/8/17

¿Spaghetti o macarrones? La elección de un sociópata [13-8-17]

¿Spaghetti o macarrones? La elección de un sociópata

 Se suele dice que alguien es mejor o peor persona según sus convicciones morales y según su comportamiento se corresponde con ellas o no. La moral puede ir desde la defensa de los derechos humanos y la lucha por ellos y por la libertad, hasta la idea de superioridad de una “raza” y la consiguiente subordinación o exterminio del resto, para así lograr, sin importar los medios empleados, lo que ellos llamarían “un mundo mejor”.

Pero, ¿qué ocurre entonces con los sociópatas? Son personas sin sentimientos y que carecen de moral. ¿Esto les hace peores personas? No. Alguien es mejor o peor persona si su moral es mejor o peor, entendiendo como una moral mejor aquella que más defienda y luche por los derechos y libertades de todos los seres humanos. Pero si una persona no tiene moral, ¿qué es? Se podría decir que, debido a que carece de moral, no es una persona en el sentido moral (valga la redundancia) y emocional de la palabra o, si queremos usar un único término, podríamos llamarlos “no-personas”.

Pero un sociópata, aunque carezca de moral, es un ser con inteligencia, y por tanto comprende nuestros valores morales. Tiene libre elección de respetarlos e incluso luchar por ellos, o no. Podríamos considerar que esa elección es lo que le hace ser mejor o peor persona. Pero nos estaríamos equivocando porque, para él, la moral no tiene ningún sentido emocional y, por tanto, no es algo relevante; es decir, la causa de su elección es el mero capricho, y tan pronto puede ser un arduo defensor de los derechos humanos como decidir que va a hacer todo lo posible para tener poder y control sobre la sociedad, sin importar los medios que tenga que usar ni si tiene que saltarse uno, dos o cuarenta derechos fundamentales (de hecho, la media de sociópatas aumenta notablemente en las altas esferas con respecto al resto de la sociedad). Por tanto, para él, escoger entre una moral u otra, es como para nosotros escoger entre comer spaghetti o macarrones: no importa, porque es prácticamente lo mismo.

De vez en cuando, nos sorprende alguna noticia acerca de asesinatos brutales y, cuando vemos al culpable con un carácter increíblemente sereno e indiferente y sin remordimientos por sus acciones, pensamos: “Este es un sociópata (o un psicópata[1]). Está loco”, o algo por el estilo. Pero los sociópatas no solo cometen grandes asesinatos. Hay sociópatas en nuestros barrios; en nuestros trabajos; y el número aumenta en nuestros Gobiernos y Parlamentos y en las grandes empresas; de hecho, las personas con más rasgos sociopáticos en toda la historia no son solo personajes como Jack el Destripador, Ted Bundy o Adolf Hitler, sino también otros como el famoso (ahora más que nunca) Donald Trump.

“Hemos de conocer bien a las personas con quienes nos relacionamos, para así evitar macabros asesinatos y otros sucesos no muy agradables”. Este consejo no es correcto. Casi nunca podemos reconocer a un sociópata simplemente “conociéndolo”. De vez en cuando, alguno manifiesta abiertamente sus rasgos sociopáticos sin importarle las consecuencias, pero esas son solo unas pocas excepciones, muy pocas. Los sociópatas son tan temibles porque no los reconocemos hasta que ya es demasiado tarde. Por ello, para reconocer a un sociópata, es necesario dejar de lado las emociones y observarle objetivamente para detectar las sutilezas de su sociopatía. En cierto modo, para detectar a un sociópata antes de que actúe, hay que ser un poco sociópata.