12/12/17

Narcisismo y prudencia [12-12-17]


Narcisismo y prudencia

Narcisismo y prudencia

Si Narciso viviera hoy no se quedaría abducido por un arroyo sino por sus selfis colgados en las redes sociales. Facebook, Instagram, Linkedin y otras herramientas del mundo viral híper-conectado no solo facilitan el comportamiento narcisista sino lo promueven; y ese fenómeno es fácilmente observable en las estrellas del mundo deportivo y del cine, por ejemplo. La autoestima exagerada, el sentimiento de grandiosidad y el amor desmesurado por uno mismo tiene muchas raíces. La primera reside en la necesidad de todo ser humano de promoverse a uno mismo con el fin de mejorar su autoestima y de protegerse ante posibles agresiones psíquicas. La segunda reside en la competición desenfrenada entre los diferentes actores representativos de un entorno definido como, por ejemplo, el del deporte de élite, el de los actores y otros famosos o el de los políticos de primera fila, que genera la necesidad de un reconocimiento social cada vez mayor. Los resultados, ciertamente envidiables, de esas personalidades generan, en general, admiración por parte de la sociedad en la cual se mueven que, a su vez, crea un alto estatus social. Normalmente, el estatus conlleva numerosas ventajas y prebendas: poder adquisitivo, trato preferencial, protección añadida, admiradores incondicionales, idolatría y otros privilegios. Estos beneficios refuerzan, asimismo, la tendencia narcisista porque las personalidades acaban de creerse grandiosos y superiores creando, así, un círculo vicioso. ¿Y qué ocurre con los primeros ejecutivos de nuestras empresas? Sus entornos respectivos, sus presiones sociales así como sus necesidades de superarse continuamente y su exposición pública, desde luego, no son muy diferentes a los que acabamos de describir, y el lector no tendrá problemas en pensar a uno u otro presidente de una empresa sufriendo el síndrome de Narciso.

El comportamiento narcisista tiene elementos positivos para las organizaciones. Los narcisistas, viendo el mundo como una imagen de sí mismos, tienden a ser trabajadores incasables, ambiciosos, creativos, emprendedores y visionarios irradiando, a la vez, cierto carisma. Sin embargo, el narcisista suele desarrollar comportamientos que pueden llevar a la empresa a situaciones delicadas y comprometidas. Estos comportamientos son: incapacidad de escuchar y de aceptar críticas, proteccionismo a toda costa, comportamiento absolutista y arrogante, falta de objetividad y de realismo y, por tanto, ceguera empresarial, desapego social generando envidia, muchas veces, colectiva, toma de riesgos inasumibles y utilización de la organización para fines propios y para una mayor gloria propia y no para el logro de los objetivos. Los problemas generados a la empresa pueden ser errores en la toma de decisiones, ineficiencias, desorientación de la organización y pérdida del enfoque corporativo, gastos e inversiones inútiles, mayor riesgo de fraude y engaño y, finalmente, huida progresiva de talento. Por tanto, podemos concluir que esta forma de megalomanía caracterizada por la necesidad de admiración absoluta y la falta total de empatía emocional pone seriamente en peligro la misión y la consecución de los objetivos de la organización.

Viendo que el entorno de los primeros ejecutivos y sus propias trayectorias profesionales promueven, muchas veces, comportamientos narcisistas proponemos introducir, a parte de las herramientas existentes para el buen gobierno corporativo, una fuerza que compensa estas posibles derivas narcisistas y que garantiza un comportamiento corporativo equilibrado en pro de la empresa y del bien común.

En el cuarto capítulo de su sexto libro sobre la Moral a Nicómaco, Aristóteles define la prudencia como la capacidad de deliberar y juzgar de una manera conveniente sobre los temas contribuyendo, así, a salvar y sostener nuestros juicios. La prudencia incluye la humildad, la voluntad y capacidad de reconocer las propias fuerzas y debilidades, la capacidad de contrastar, de objetivar, de relativizar y de debatir. La prudencia, siendo una virtud cardinal según Platón, se asemeja a la sabiduría haciendo buen uso de la razón. El jesuita Baltasar Gracián define en su obra 'Oráculo manual y arte de la prudencia' la citada virtud como el sol del pequeño mundo llamado ser humano añadiendo que es tan hermosa que consigue la gracia de Dios y de la gente. Creemos, por tanto, que la aplicación de la prudencia es una medida acertada para contrarrestar los efectos nocivos y perversos de comportamientos narcisistas. Asumiendo el riesgo de una posible deriva narcisista por parte del primer ejecutivo, proponemos que los miembros del consejo de administración, no solo muestren la capacidad de actuar según los preceptos de la prudencia sino actúen según ellos. Para poder actuar así hace falta que se cumplan dos condiciones: que los consejeros sean conscientes de su papel y que sean totalmente independientes del primer ejecutivo.

11/12/17

Pensamiento [11-12-17]


Cinco señales de que están aprovechandose de ti

 Cinco señales de que están aprovechandose de ti

Cinco señales de que están aprovechandose de ti

conocersalud.com

Muchos de nosotros tendemos a darnos cuenta de que se están aprovechando de nosotros después de que es demasiado tarde. La otra persona nos ha utilizado y nos ha dejado atrás. A menudo nos perdemos las señales, porque realmente no queremos verlas. No queremos creer que alguien a quien llamamos amigo, pareja, compañero de trabajo o miembro de la familia sea capaz de hacerlo. Pero las personas que tratan de aprovecharse de usted a menudo muestran algunas simples señales.

Aquí hay cinco señales de que se están aprovechando:

1. No respetan sus compromisos

Una verdadera señal de que alguien te está dando por sentado es que no son fieles a los compromisos con usted. Cuando ellos tienen planes, no les molesta cancelar el que tenían con usted. Pero si hay algo que necesitan de usted, puede estar seguro de que aparecerán. Pero si no, harán cualquier cosa para evitarle, sin importarles romper promesas.

2. Las conversaciones son unilaterales

Usted puede decir que alguien realmente se preocupa por usted cuando le presta atención o le escucha. Una persona que está tratando de aprovecharse de usted tiene a menudo ganas de hablar de sí mismo, se queja de su situación y busca la simpatía de usted. Pero cuando es su turno de hablar, no están interesados ​​en nada que tenga que decir.

3. Demuestran una falta de empatía

Cuando está cerca de alguien que realmente no se preocupa por usted, en algún momento comenzará a notarlo. Ellos tomarán lo que necesitan de usted, pero eso es lo más lejos posible que llegarán en su relación. Ellos no están interesados ​​en hablar o pasar tiempo con usted. Ellos no quieren ser un oído para escuchar o un hombro para llorar, y no ofrecerán ningún apoyo emocional.

4. Siempre desaparecen

Alguien que no está interesado en una relación real con usted no hará que sea una prioridad estar allí para usted cuando los necesite. Aparecerán cuando hay algo que quieren. Pero cuando los necesita, no se encuentran por ninguna parte.

5. No confían en usted

Una injustificada falta de confianza hacia usted cuando no ha hecho nada malo a menudo es una señal de que la otra persona está siendo deshonesta. No confiarán en usted, porque saben que ellos mismos no son dignos de confianza. Ellos están ahí para aprovecharse para su propio beneficio personal y luego olvidarse de usted.

10/12/17

"Expertos en traicionar" - Imagen


¿Comenzar el CONTACTO O?: ¡No se lo digas al narcisista!


¿Comenzar el CONTACTO O?: ¡No se lo digas al narcisista!
¿Comenzar el CONTACTO O?: ¡No se lo digas al narcisista!

libresdelnarcisista.blogspot.cl

¿Cómo terminar la relación con el narcisista?, nos quedó pendiente la pregunta: ¿Cuál es la mejor manera de cerrar la relación con el narcisista y comenzar el Contacto 0?

Antes de meternos de lleno a resolver esta cuestión, quisiéramos recordar algunos principios básicos, que debemos tener en mente a la hora de cerrar la relación con un  narcisista o con otra personalidad tóxica.

Para las víctimas del abuso estos principios son de vital importancia, dado que el narcisista ha ejercido sobre ellas un control totalmente abusivo, desconociendo sus necesidades y derechos, arrebatándoles continuamente el poder de decisión sobre su propia vida.

Si compartes día y noche con una persona que controla todos los aspectos de la relación, y que ejerce en tu vida un poder casi omnímodo, los efectos sobre ti son, con el tiempo, altamente destructivos, a nivel psicológico y emocional.

Esta es la realidad cotidiana de una relación con un narcisista.

La victima ha sido condicionada, por medio de la manipulación y el engaño, a actuar siempre en función de las necesidades y los deseos de su depredador, a postergarse continuamente, a depender emocionalmente de su validación.

De esta cárcel se sale poniendo fin a la relación con el narcisista, y decretando un Contacto 0 con el abusador.


Principios Básicos

A la hora de cerrar la relación con el narcisista, no olvides nunca los siguientes  principios:

1.  Tú tienes todo el DERECHO a DECIDIR con quién mantienes una relación en tu vida o con quién no;

2. Tú tienes el DERECHO a poner fin a la relación con el narcisista si así lo decides y en el momento en que lo decidas;

3. No estás OBLIGADO/A ni a comunicar tus decisiones personales ni a dar explicaciones al narcisista de las razones que las justifican, incluyendo la de decretar un Contacto O y terminar la relación.

4. No tienes ninguna MISIÓN que cumplir con el narcisista. Hagas lo que hagas, él no va a cambiar nunca su patrón perverso de comportamiento porque está en el núcleo de su personalidad trastornada.

5. No estás OBLIGADO/A a mantener una relación que no ofrezca las condiciones mínimas de reciprocidad, respeto, comunicación y confianza que es legitimo esperar en cualquier relación humana.

Estos principios son fundamentales para recuperar el control y el poder sobre tu vida, los pilares sobre los que se asienta el Contacto 0


¿Cuándo debemos implementar el CONTACTO 0?

La respuesta es muy sencilla: lo haremos en nuestros términos, en el momento que escojamos nosotros y cuando sintamos que estamos preparados.

Nadie debería presionarnos, y lo mejor sería, incluso, no comunicar a otros la fecha de nuestra ruptura con el narcisista, a menos que sea absolutamente necesario.

Seamos cautos con nuestras decisiones personales, máxime con todo aquello que guarde relación con el narcisista.

Para muchas víctimas elegir ellas mismas cuándo van a dar este paso es una forma de recuperar el control y el poder, que les había arrebatado el narcisista,  sobre su vida. En ese sentido, es un ejercicio claro de empoderamiento que nos fortalece para poder enfrentar la intensa reacción que cabe esperar del depredador cuando intente recuperar a su presa y hacer fracasar el Contacto 0

Lo fundamental es no retrasarlo por ninguna razón asociada con el narcisista, no podemos permitir que siga ejerciendo sobre nosotros ningún control. Sucumbir y condicionar nuestros planes a la realidad de nuestro maltratador, es dejarse llevar de nuevo por el lavado de cerebro que nos ha condicionado a actuar de manera dependiente y sumisa.

Eso debe terminar. La hora del Contacto 0 es nuestra, nosotros marcamos la prioridad sin dejar que el narcisista interfiera en la ejecución de nuestros planes de marcharnos.


¿Cómo debemos implementar el CONTACTO 0?

La respuesta es simple y directa: ejecutándolo. No cometamos el error de decirle al narcisista que no queremos estar envueltos en una relación con él nunca más.

No hay que decirle que vamos a decretar con él un Contacto 0. Salvo en el caso, como explicaremos luego, que nuestra relación sea con un narcisista maligno o con un psicópata, ni siquiera conviene informarle de nuestra salida.

El narcisista sabe perfectamente el abuso emocional y psicológico que hemos sufrido, y que él ha perpetrado, deducirá inmediatamente la causa de nuestra marcha. Si no le avisamos, estaremos en ventaja sobre sus maquinaciones, y escaparemos a todo el arsenal manipulador que pondría en acción para evitar nuestra salida y la pérdida de su fuente de suministro o combustible.

Como explicamos en la entrada anterior, ni conversaciones de despedida, ni una carta final, ni un texto explicativo, ni confrontaciones para echarle en cara su comportamiento o decirle que sabemos quién es. Nada de eso, simplemente, recogemos nuestras cosas, cerramos bien la puerta y nos marchamos, es todo.

No nos dejemos llevar por nuestros rasgos empáticos, por esa necesidad que sentimos de dar un “cierre” a la relación. No caigamos en la trampa de pensar que le debemos una explicación a nuestro maltratador.

¿Nos explico alguna vez el narcisista, por ejemplo, por qué nos aplicó el tratamiento silencioso? ¿Por qué deberíamos explicarle nosotros ahora nuestra decisión?

Salgamos directamente de la vida del narcisista. Sin anuncios, sin explicaciones, sin preámbulos que no merece.

Si nos sentamos a explicarle, si le advertimos sobre nuestra marcha, si le enviamos un escrito preparatorio, el narcisista no se va a sentar y pensar “Sí, es cierto, ¡qué mala persona soy!”. En absoluto. Ni siquiera prestará atención a nuestras razones, por más brillantemente expuestas que estén.

Se llenará de rabia pues decretando el Contacto 0 nos estamos liberando de sus garras y él pierde su fuente de combustible. Lo considerará una audacia de nuestra parte, un desafío a su control y a su sentido de superioridad.

En resumen, terminemos por nuestra cuenta la relación con el narcisista, hagamos nosotros mismos el cierre, y marchémonos, centrados en el paso que estamos dando, olvidando la reacción inmediata del abusador.

Mantengámonos firmes, enfocados en nosotros, resistamos las primeras semanas, y el narcisista se largará por un buen tiempo, por la sencilla razón de que necesitará aprovisionarse de combustible y tendrá que buscarlo en otra parte lo más rápido posible.


Variedad de casos

Lo expuesto sólo son las orientaciones generales de un tema de por sí delicado y, en algunas circunstancias, particularmente difícil.

El cómo y el cuándo vamos a implementar el Contacto 0  debe tomar en cuenta también otros factores, y cada uno debe aplicarlo según su propio caso.

Un aspecto muy importante a tomar en cuenta es el perfil de la personalidad tóxica con la que hemos estado enganchados. Por ejemplo, si se trata de un narcisista maligno, o de un psicópata, conviene, a pesar de lo dicho anteriormente, avisarle por cualquier medio posible nuestra decisión de terminar la relación y de marcharnos, sin necesidad, por supuesto, de grandes explicaciones ni de mensajes de cierre. Esto es así para evitar cualquier reacción impredecible o potencialmente violenta.

Eso por eso, que cada situación amérita su propio discernimiento, y es difícil establecer una pauta común aplicable a todos los casos

Debemos considerar, además, el momento en que nos encontramos en el ciclo de la relación narcisista: el post-descarte, la devaluación, el hoover. Las dificultades son diferentes y el contexto de la víctima también.

 Por otra parte, dependerá también del tipo de vínculo: amistad, pareja, compañeros de trabajo, nexo familiar, etc.; de los años que lleve la relación, no es lo mismo unos meses que 10 años; si viven o no en común, etc.

Un elemento de suma importancia a tomar en cuenta es cuando exista el peligro de agresiones físicas por parte del narcisista, o haya antecedentes de este tipo de violencia. En esos casos, el Contacto 0 ha de ser inmediato y total, y se debe pedir la protección policial conforme a los protocolos legales de cada país.

Hay situaciones muy difíciles en las cuales aplicar el Contacto 0 se hace imposible: existen hijos en común, la víctima depende económicamente del maltratador, se trabaja en la misma empresa que el narcisista, es nuestro vecino, etc. Para todos estos casos, la opción es el método de la piedra gris: no ofrecerle al narcisista ninguna reacción emocional, y tener un Contacto Mínimo.  Sobre este tema comentaremos en otra oportunidad.

Sea cual sea nuestro caso, nunca insistiremos demasiado en la necesidad de preparar con antelación nuestra salida de la vida del narcisista, prever todos los detalles y anticiparse a las dificultades que puedan presentarse.

Del tema del Contacto 0, central para la recuperación de las víctimas, debemos seguir reflexionando. Desde aquí estaremos atentos a sus aportes y comentarios





9/12/17

UNA AMARGA METÁFORA DEL MAL: LOS PSICÓPATAS

UNA AMARGA METÁFORA DEL MAL: LOS PSICÓPATAS

UNA AMARGA METÁFORA DEL MAL: LOS PSICÓPATAS

gacetaciudadana.com.-ERNESTO RAMÍREZ

Es difícil saber lo que caracteriza a un psicópata. Se podría decir que son depredadores sociales. Saben lo que hacen, entienden la diferencia entre el bien y el mal, pero son incapaces de sentir empatía. Les falta la capacidad de entender que lo que hacen tiene consecuencias emocionalmente devastadoras sobre los demás. No sienten ningún tipo de remordimiento, su conciencia no les dice que han actuado mal.

Los psicópatas suelen ser, normalmente, mentirosos, violentos y a la vez encantadores. Se acogen a las reglas de la sociedad ¿Cómo podemos identificarlos? ¿Podríamos saber si nuestro amigo, nuestro jefe o nuestra pareja es psicópata? Es triste pensar que hasta que no comprendamos que tienen una manera distinta de ver el mundo humano, estaremos condenados a ser sus víctimas.

La psicopatía se presenta bajo más caras que la del típico asesino despiadado. Los psicópatas tienen formas más sutiles de hacer daño que la agresión física y de hecho, los peores de ellos pueden llevar trajes impecables, conducir coches de lujo y ocupar algunos de los puestos más importantes en la política y en la empresa: tu jefe podría ser uno de ellos. Puede ser también tu inofensivo vecino o el compañero de trabajo que jamás rompió un plato. Ese el terrorífico y cotidiano escenario que las noticias nos presentan a menudo: “era muy buena persona, no le hacía daño a nadie”. “Jamás hizo un escándalo”, etc.

Robert Hare,  psicólogo de la University of British Columbia (Canadá) sugiere que, quizá, el 1% de la población mundial es psicópata, y el 15% de la misma son reclusos. El problema es definir lo que significa psicópata. Es como preguntar cuánta gente padece hipertensión arterial, depende de dónde situemos el umbral. Y, tradicionalmente, en la investigación y la práctica de Norteamérica, se define al psicópata como alguien que puntúa 30 de 40 en esta escala de 40 puntos que ha creado, la Psychopathy Checklist Revised (PCL-R). Y si partimos de esto para definir la psicopatía, y no es una definición mágica en absoluto, sino un instrumento de trabajo práctico, entonces alrededor del 1% de la población general lo es…

¿Tenemos todos algún elemento de psicopatía? Es posible, y quizá más en esta sociedad cada vez más neurótica y competitiva, pero es muy poco probable que la palabra todos sea la más exacta.  La psicopatía es una dimensión, así que es cierto que hay grados de psicopatía, pero la inmensa mayoría de la gente puntuaría alrededor de cero o uno en esta escala concreta. Pero una cosa está clara: los psicópatas son incapaces de sentir empatía, de ponerse en el lugar de otra persona. Aunque saben lo que hacen, no sienten ningún tipo de remordimiento, su conciencia no les dice que han actuado mal.

Saben que obran de un modo que la sociedad considera erróneo… entienden las reglas del juego, las conocen perfectamente. Aquí reside la diferencia esencial con el sociópata. La conciencia implica conocer las reglas, pero también sentir que uno debe cumplirlas, y en su caso no es así. Un psicópata entiende las normas y puede ponerse en la piel de alguien intelectualmente o cognitivamente, pero no emocionalmente. En su conducta falta uno de los elementos más importantes de la humanidad, es decir, cómo se pueden sentir los demás. Y esto significa, por supuesto, que pueden actuar sin tener que preocuparse en absoluto de cómo repercuten emocionalmente sus acciones en los otros.

Sin duda siempre son mentirosos, y muchos como dije, parecen encantadores. No todos tienen necesariamente conductas violentas. Para que nos entendamos: el psicópata tiene un repertorio de conductas muy amplio, puede actuar, desempeñar muchos papeles. Si ser encantador funciona, lo es. Si no funciona, quizá te amenace o intente intimidarte. Si tampoco funciona, entonces recurrirá a la violencia. La clave es que todas sus acciones tienen un componente depredador, es como cuando un gato persigue a un ratón. ¡Al gato no le importan en absoluto los sentimientos de su presa! No entran en su conciencia.

El enorme problema de los psicópatas es la incomprensible cantidad de sufrimiento que pueden infligir a la gente y no son verdaderamente conscientes. Este elemento de ausencia de moralidad es lo que los convierte en seres temarios y aterradores. Si pensamos en nosotros como en un ratón y en el psicópata como en un gato, esto explica muchas cosas. Y podemos preguntarnos: ¿es que no se dan cuenta del dolor que están provocando a los demás? No solamente han lastimado físicamente a alguien, además han acabado con los ahorros de toda su vida, con su pensión… ¿es que no entienden que está mal? Pero somos nosotros los que no entendemos que este tipo de personas no piensan ni sienten como nosotros. Y hasta que no comprendamos que tienen una manera distinta de ver el mundo, el mundo humano, desgraciadamente estaremos condenados a ser sus víctimas.

Seres sociales que son antisociales

Definir a los psicópatas como depredadores sociales también explica, hasta cierto punto, dónde podemos encontrarlos. Están dondequiera que haya una oportunidad de algún tipo. Si alguien nace y se cría en una familia que valora las actitudes delictivas, hurta y roba y hace cosas malas, un psicópata será un buen alumno: aprende muy rápido, y probablemente acabe en la cárcel. Si nace en una familia distinta, una familia de abogados, médicos… sabe cómo vestir, cómo hablar, va a las mejores escuelas… y a la vez tienes esos rasgos de la personalidad, es decir, mientes fácilmente, engañas, no te importan los demás… habla muy bien, entonces probablemente acabe en otro sitio sin que se descubra fácilmente su anomalía y se convierte en una amenaza pública soterrada. Podría ser un político, o ejercer la abogacía. O incluso un maestro de escuela. Podría ser cualquier profesión en la que, gracias a su posición, pueda ejercer poder y controlar a los demás.

¿Y qué hacemos, entonces?  ¿Cómo sabemos que nos enfrentamos a alguien que supone una amenaza personal? Normalmente no sabemos que nos enfrentamos a un psicópata, pero sí que tienes un problema grave. Por ejemplo, una mujer cuyo marido la maltrata, se va con otras, no se ocupa de la familia… ¡sabe que hay algo que no funciona nada bien! Quizá no utilice el término psicópata, porque no lo conoce, y muchos terapeutas, médicos, psiquiatras, le dirán que la psicopatía es un mito, que no creen en ese concepto. Y la pobre mujer sólo podrá decir: vaya, me enfrento a un mito, ¡pero ese mito me pega una paliza cada noche! Es algo muy extraño. Lo único que podemos hacer, parece, es informar y denunciar sin temor al público de que hay individuos así, y que funcionan de esta manera, y tal vez podamos hacer algo para evitar que hagan daño. Pero el problema es grave, porque por lo general la víctima no tiene manera de resolverlo. La policía muchas veces no ayuda, los terapeutas tampoco… ¡a veces los amigos creen que es la mujer la que tiene el problema! O, si la psicópata es la mujer, creen que el problema es el hombre…

Para identificarlos hay algunos elementos antisociales, afectivos, personales o de estilo de vida recurrentes, o claramente marcados. La dificultad por ejemplo, en la esfera interpersonal es que son superficiales, grandilocuentes… o son modestos, pueden ser todas estas cosas en momentos diferentes. Hay que pensar en ellos como si actuaran sobre un escenario: adoptarán el personaje que más les convenga para la situación. Los que lo analicen con detenimiento verán que esa actuación no es demasiado buena, sino puro juego sucio; pero la gran mayoría no tendrá el tiempo o la energía para ir más allá de la fachada. Creerá que la persona es lo que aparenta… habla muy bien, te dirá que tiene mucho dinero, que hará cosas fantásticas por ti… y por supuesto nunca sucede… pero no solemos ahondar tras la superficie. Es como si el fondo fuera menos importante que la forma.

Los políticos son expertos en eso. Más de una vez me he planteado qué pasaría si un político dijera la verdad, y solamente la verdad, e intentara que le eligieran de ese modo… Sería muy difícil. Además, creo que en la política y en el póquer hay que mentir, engañar: es parte del juego. No estoy diciendo ni mucho menos que todos los políticos sean psicópatas; pero si yo fuera un psicópata, si tuviera todas las habilidades sociales necesarias, supiera qué hay que hacer… ¡quizá lo intentaría con la política, porque las oportunidades están ahí!

Otro factor recurrente para su posible identificación es que el estilo de vida de la mayoría de los psicópatas consiste en buscar nuevas oportunidades, nuevas sensaciones. Buscan estímulos porque se aburren con muchísima facilidad. Por eso, normalmente no trabajan en el mismo sitio durante demasiado tiempo, no se pasan muchos años en una pequeña empresa con el objetivo de llegar a dirigirla, lo que hacen es buscar otras oportunidades en lugares más grandes en los que saciar sus ansias. Tienden a ser bastante impulsivos, pero de una manera controlada, cambian de trabajo rápidamente. No necesariamente se lían a puñetazos, aunque podrían hacerlo, pero normalmente no lo hacen: buscan nuevas cosas por hacer. Y no es lo mismo que con los paracaidistas o los escaladores que asumen muchos riesgos… Esta gente lo ha planeado todo, sabe cuáles son los riesgos, y ha decidido que lo que les toca es asumir el riesgo e intentar superarlo. Los psicópatas lo hacen de una manera natural, asumen riesgos, pero por lo general lo hacen a costa de otra persona. Si él pierde, tú pagas por ello. O la sociedad paga por ello.

Por otro lado, son antisociales en el sentido de que no se acogen a las reglas de la sociedad. Gran parte de su conducta podría considerarse legal (y a menudo lo es) porque saben operar dentro de los límites de la ley, pero donde mejor se mueven es allá donde los límites son flexibles. Pensemos en una organización de nueva creación, o en la desintegración de la Unión Soviética, cuando sobrevino el caos… ¿qué pasó entonces? O pensemos en la antigua Yugoslavia… cuando todo se viene abajo, cuando las antiguas reglas dejan de ser aplicables, entonces, moviéndose con agilidad en el escenario, sintiéndose en su salsa, tendremos a un psicópata aprovechándose de la situación. Lo mismo pasa con las empresas y las multinacionales. Si impera el caos, si las reglas son poco claras, flexibles, el psicópata saldrá adelante extremadamente bien.


El origen

La psicopatía es una alteración grave de la estructura de la personalidad que puede ser únicamente de origen genético pero siempre hay condicionantes socioculturales que la detonan, la desarrollan o la disparan. Son ambas cosas, aunque según los especialistas probablemente los genes influyen más que el entorno. Este debate ha estado vigente durante mucho tiempo, y seguirá estándolo, especialmente en este ámbito, porque la pregunta que se hace la gente es: ¿el psicópata nació malvado o se volvió malvado? Y la respuesta es una combinación de ambas cosas. No existe un gen para la psicopatía… Con el tiempo, quizá encontremos una combinación de genes que expliquen la conducta, pero lo que sí tenemos son buenas pruebas científicas de que hay factores genéticos muy fuertes que entran en juego.


Leyes y culpabilidad

Hay muchas otras cosas y problemas que se deben a componentes genéticos. Por ejemplo la inteligencia. Hay personas que, por naturaleza, no son muy listas, pero seguimos responsabilizándolas de sus actos, entienden las reglas del juego. Lo mismo sucede con la psicopatía. Esto se ha debatido varias veces por ejemplo en Estados Unidos, y el argumento que se esgrime es que los psicópatas no juegan con todas las cartas, porque les falta algo, les falta la capacidad de entender que lo que hacen tiene consecuencias emocionalmente devastadoras sobre los demás.

Y hay quien dice: “bueno, quizá no sean responsables, porque carecen del componente emocional”. Pero ese argumento no ha prosperado, y la ley, en Estados Unidos por lo menos, dice que si conoces las reglas del juego, y sabes distinguir el bien del mal, entonces puedes ser procesado, eres responsable de tus actos. A un psicópata se le da muy bien intentar utilizar un argumento en el que te dirá: “no es mi culpa. Yo nací así, es culpa de los demás, es culpa de la sociedad”. Pero no es verdad: toman sus propias decisiones.

Ahora los hemos identificado, más o menos. Cometen un delito o un crimen y los ponemos en la cárcel. ¿Pero entonces qué hacemos después para pensar en su rehabilitación o posible curación? Según Roger Hare, normalmente lo que hacemos no es lo adecuado. Para los delincuentes y criminales, existen programas de tratamiento o programas conductuales, e intentamos que todos obedezcan las mismas reglas utilizando las mismas técnicas.

Pero con los psicópatas no funciona, porque la mayoría de estas técnicas se basan en la emoción, la capacidad de experimentar ansiedad, miedo, remordimientos… todas tienen bases emocionales. Y con un psicópata es un método equivocado. Si le dices a un psicópata: “lo que haces está poniendo en peligro a otras personas, les estás haciendo daño, tienes que cambiar”, te dirán: “¡de acuerdo, cambiaré!” Pero será una respuesta superficial, solamente palabras, porque en su fuero interno esa persona pensará: “¿y por qué debería cambiar?” “Yo estoy bien”.

Según este especialista lo primero que deberíamos hacer es desconfiar muchísimo de todos los psicópatas que de repente afirmen sentir empatía. Es imposible que cambien su esencia de la noche a la mañana, por mucho que utilicen las palabras adecuadas, y digan: “estoy curado, he encontrado a Dios, he encontrado a Cristo, ahora sí que sé lo que estoy haciendo”. Hay que hacer caso omiso de afirmaciones así, porque lo que cuenta son los actos.

Y, por otro lado, es importante convencerles de que pueden beneficiarse si cambian un poco su conducta. Es decir, que va en su propio interés cambiar, no mucho (porque no van a cambiar mucho) pero sí hasta cierto punto. Decirles que se meterán en menos líos, o que pasarán menos tiempo en la cárcel del que pasarían si no cambiaran.


¿Hay más psicópatas que antes?

Es enormemente difícil saberlo. Y cuanto más investiguemos en el pasado más difícil será por la ausencia documental y sobre todo porque la psicopatía es un problema de muy reciente conceptualización. Pero todo funciona por ciclos. Por ejemplo, si nos remontamos a la Baja Edad Media europea, cuando proliferaban las ciudades-estado, cada pueblo era un estado, y eso a menudo entrañaba guerras, asesinatos, saqueos, violaciones constantes… y, por supuesto, allí encajaba perfectamente el psicópata… de hecho, por aquel entonces el psicópata probablemente se consideraba un verdadero “héroe” disfrazado de patriota.

Creo que lo mismo sucede ahora: hay muchas situaciones en las que los psicópatas realmente pueden prosperar… Uno de los problemas que tenemos ahora es que, como sociedad, a través de las películas y la televisión, lo que hacemos en cierta medida es promover de alguna manera el estilo de vida psicópata. Estamos transmitiéndole a una nueva generación -desde que explotó el género artístico de los asesinos seriales- que así es como se hacen las cosas, y que además es fantástico… es ser eficaz y es ser “chingón” como dicen en México. Personajes de ficción -e incluso relatos basados en personajes reales– como Hannibal Lecter (Silent of the Lambs) o John Doe (Seven) se convierten, a nuestro pesar, en impactantes modelos y referencias culturales que despiertan incluso fascinación por su complejidad, sofisticación y perversión sádica.

En el cine, los videojuegos y la televisión, el principal ingrediente es la violencia. Y se trata de violencia depredadora: violencia a sangre fría, sin pasión, se actúa contra los demás sin ningún tipo de preocupación por ellos, sin sentimientos de remordimiento o de culpabilidad. ¡Y los niños lo ven! ¡Los jóvenes lo ven! Y gran parte de este material se convierte en un modelo a imitar: un potencial “guión” sobre cómo actuar. Obviamente tal vez les cueste comportarse así, pero con el tiempo aprenden: aquí lo cultural es lo determinante, no los genes.

Robert Hare nos da un interesante ejemplo de esto. “En Estados Unidos, hace 10 o 15 años, hubo un periodo en el que los jóvenes de 14 o menos años, solían reunirse en grupo y pegarle una paliza a otro muchacho. Le pegaban patadas, le acosaban, le humillaban. En Canadá nunca había pasado nada similar hasta que apareció en la televisión. Al cabo de dos o tres meses, ya teníamos casos frecuentes de acoso escolar -o como le dicen ahora bullying– palizas, humillaciones… se había convertido en un modelo para los niños. Por eso creo que lo que sucede ahora en nuestra sociedad es que el número de casos de la psicopatía tal vez no esté aumentando (aunque quizá sí, no estoy seguro), pero sin embargo a un psicópata le resulta mucho más fácil expresarse que antes, porque lo que antes se consideraba poco ético, inmoral o antisocial ahora se convierte en la norma. Pasa a estar bien. Todo se reduce a pensar, ante todo, en uno mismo”.


Tipología del psicópata

Hay, al menos, cuatro subtipos diferentes de psicópatas. La distinción más antigua entre los tipos primario y secundario fue realizada por Hervey Cleckley ya en 1941.

Los psicópatas primarios: no responden al castigo, a la aprehensión, a la tensión ni a la desaprobación. Parecen ser capaces de inhibir sus impulsos antisociales casi todo el tiempo, no debido a la conciencia, sino porque eso satisface su propósito en ese momento. Las palabras no parecieran tener el mismo significado para ellos que el que tienen para nosotros. En realidad, no se sabe si llegan a comprender el significado de sus propias palabras, una condición que Cleckley llamó “afasia semántica.” No siguen ningún proyecto de vida, y parece como si fueran incapaces de experimentar cualquier tipo de emoción genuina.

Los psicópatas secundarios son arriesgados, pero son individuos también más proclives a reaccionar frente a situaciones de estrés, guerreros, y propensos a la culpabilidad. Se exponen a más estrés que la persona promedio, pero son tan vulnerables al estrés como la persona promedio. (Esto sugiere que no son “completamente psicopáticos.” Puede ser debido a variaciones genéticas distintivas). Son gente audaz, aventurera y poco convencional que comenzó a establecer sus propias reglas de juego a temprana edad. Son conducidos fuertemente por un deseo de escapar o de evitar dolor, pero también son incapaces de resistir a la tentación. A medida que su ansiedad aumenta hacia un cierto objeto prohibido, su atracción hacia ella también se incrementa. Viven sus vidas dejándose llevar por el aliciente de la tentación.

Tanto los psicópatas primarios como los secundarios están subdivididos en:

Los psicópatas descontrolados: son la clase de psicópatas que parecen enfadarse o enloquecerse más fácilmente y más a menudo que otros subtipos. Su frenesí se asemejará a un ataque de epilepsia. Por lo general son también hombres con impulsos sexuales increíblemente fuertes, capaces de hazañas asombrosas con su energía sexual, y aparentemente obsesionados por impulsos sexuales durante la gran parte de su vida que pasan despiertos. También parecerían estar caracterizados por ansias muy fuertes, como en la drogadicción, la cleptomanía, la pedofilia, cualquier tipo de indulgencia ilícita o ilegal. Les gusta la endorfina “alta” o “acelerada” del entusiasmo y de la toma de riesgos. El violador y asesino en serie conocido como el Estrangulador de Boston era un psicópata de este tipo.

Los psicópatas carismáticos: son mentirosos encantadores y atractivos. Por lo general están dotados de uno u otro talento, y lo utilizan a su favor para manipular a otros. Son generalmente compradores, y poseen una capacidad casi demoníaca de persuadir a otros para que abandonen todo lo que poseen, incluso hasta sus vidas. Los líderes de sectas o de cultos religiosos, por ejemplo, podrían ser psicópatas si conducen a sus seguidores a causar su propia muerte. Este subtipo llega a menudo a creerse sus propias ficciones. Son “irresistibles”.

A pesar de que el psicópata tiene gustos y preferencias, y afición por los placeres que la compañía humana puede traer, el análisis demuestra que es totalmente egocéntrico, y que valora a los otros solamente porque aumentan su propio placer o mejoran su estatus. Mientras que él no brinda ningún amor verdadero, es absolutamente capaz de inspirar amor a veces hasta fanático en los demás.

Es por lo general superficialmente encantador y da muy seguido una impresión llamativa de poseer las cualidades humanas más nobles. Se hace de amigos fácilmente, y es muy manipulador, con su habilidad de palabras para salirse con la suya de cualquier apuro. A muchos psicópatas les encanta ser admirados y se regodean cuando los demás los adulan. La carencia de amor trae también aparejada la carencia de empatía. El psicópata es incapaz de sentir lástima por otros en situaciones desafortunadas o de ponerse en el lugar de otra persona, sin importar que haya lastimado o no a esta última.


La lista original de Cleckley de los síntomas de un psicópata:
  • Un encanto superficial considerable y una inteligencia promedio o por encima de la media.
  • La ausencia de ilusiones y otros signos de pensamiento irracional
  • La ausencia de ansiedad u otros síntomas “neuróticos”. Une equilibrio considerable, tranquilidad, y facilidad de palabra.
  • La inconstancia. Desatiende sus obligaciones sin sentido alguno de responsabilidad, en asuntos de pequeña o de gran envergadura
  • La falsedad y la falta de sinceridad.
  • Un comportamiento antisocial que es inadecuadamente motivado y mal planeado, pareciendo provenir de una impulsividad inexplicable.
  • Un mal juicio y problemas para aprender de las experiencias.
  • Un egocentrismo patológico. Un auto-centrismo total y la incapacidad de amar realmente y de formar lazos.
  • Una carencia generalizada de emociones profundas y duraderas.
  • La falta de real perspicacia, la incapacidad de verse a sí mismo como otros lo hacen.
  • La ingratitud hacia cualquier consideración especial, de bondad o de confianza.
  • Una conducta fantástica y objetable, después de beber y a veces aún cuando no esté bebiendo (vulgaridad, ordinariez, cambios rápidos de ánimo, bromas).
  • Ningún historial de verdaderos intentos de suicidio.
  • Una vida sexual impersonal, trivial y mal integrada.
  • El fracaso en tener un plan de vida y en vivir de una manera ordenada, a menos que promueva la auto-derrota.
Pues así las cosas. Indudablemente, es trágico que existan seres humanos tan enfermos y a la vez tan aparentemente “funcionales”. Pero hemos de convivir con ello y la solución no radica en apoyar un estado ultra-policíaco o panóptico -aunque sí una mayor profesionalización y capacitación psicológica, administrativa y por supuesto un verdadero compromiso ético-jurídico- de las autoridades y fuerzas del orden público. Tampoco se trata de resignarse a supuestos designios divinos o diabólicos que impulsan a estos sujetos a la vejación de forma inevitable. Siempre hay un móvil, una razón, o varias, aunque nos resulte intolerable o incomprensible.

Como siempre, y como ya he comentado en este portal para otras problemáticas de la vida, una sociedad consciente, ética y moralmente educada que se preocupe más por el bien común, la solidaridad, y sea comprometida por ejercitar la comprensión y la compasión hacia el sufrimiento ajeno y no por la exclusiva satisfacción de las necesidades egoístas que alimenta este sistema deshumanizante y habitualmente cruel, será un entorno muchísimo menos propicio e inarmónico para la proliferación del dolor causado por individuos tan desequilibrados como son los psicópatas.

"Si repentinamente tu vida se torna caotica... " - imagen

"Si repentinamente tu vida se torna caotica... "

Cómo sobrevivir a los amores con psicópatas [9-12-17]


Cómo sobrevivir a los amores con psicópatas

Cómo sobrevivir a los amores con psicópatas

Dr. Iñaki Piñuel Psicólogo y autor de 'Amor Zero, cómo sobrevivir a los amores con psicópatas'


“La pareja víctima de un psicópata no le elige, sino que es seducida, embaucada, engañada, manipulada, bombardeada de amor, porque la técnica del amor zero –que es la del psicópata en la relación de pareja– es siempre la misma: es un caballo de Troya que entra en el alma de su víctima, y ante eso ésta no puede más que caer rendida y enamorada”

Los psicópatas están por todas partes; de hecho, se estima que al menos el 1% de la población tiene una personalidad psicopática, caracterizada por una carencia absoluta e irreversible de emociones y, a consecuencia de ello, por la incapacidad de sentir amor, empatía, o remordimientos. El Dr. Iñaki Piñuel, psicólogo experto en el estudio y tratamiento del abuso y acoso psicológico, como el mobbing o el bullying, explica en su nuevo libro, Amor zero, cómo sobrevivir a los amores con psicópatas (Editorial La esfera de los libros, 2016), cómo identificar precozmente a este tipo de personas, o comprobar si tu pareja es un psicópata, y ofrece las pautas a seguir para salir definitivamente de una relación sentimental tan tóxica y destructiva, evitando las recaídas, tan frecuentes tras este tipo de rupturas ya que, como advierte, “recuperarse de esta experiencia es muy difícil, y hay que considerar a la víctima del amor zero como un verdadero adicto, que está intentando desengancharse de una potente droga”.


¿Un auténtico experto en el tema como tú es capaz de reconocer a un psicópata si solo tiene un trato superficial con él, a través de las experiencias que le transmitan otras personas, o manteniendo una conversación trivial?

No. No es fácil reconocer a un psicópata, ni siquiera los que llevamos años estudiándolos; es más, los que llevamos años estudiándolos y conocemos muy bien cómo funcionan, precisamente solemos advertir de que no es fácil identificarlos, y que incluso a los expertos suelen embaucarnos, engancharnos, seducirnos…, igual que a las víctimas, porque no hay nadie que esté libre de un psicópata. El propio Robert Hare, que es el mayor experto internacional en la materia, advertía de la posibilidad de que a un experto como él también le podían enganchar y seducir, incluso psicópatas confesos y convictos, gente que estaba en la cárcel y que había cometido crímenes evidentes y había recibido sentencias y, sin embargo, él podía sentir a veces el ramalazo de empatía, porque son capaces de ‘robarte emocionalmente la cartera’. Puedes estar trabajando o estar emparejado con un psicópata sin saberlo durante años, tener familia e hijos…, y descubrirle no es patrimonio de ser más o menos experto, sino que una detenida y atenta observación de su conducta, nunca de sus declaraciones, es la que nos va a permitir –a veces, desgraciadamente, demasiado tarde– saber si estamos enganchados con un psicópata o con una psicópata en una relación de pareja.


¿Tienen cura los psicópatas?

No. No tienen cura, porque no hay remedio para este mal, que no es una enfermedad, que no es un trastorno exactamente, porque no son personas que estén delirando o que tengan alterado el juicio, o que no sepan lo que hacen. Saben lo que hacen, pero les da igual, y por eso para la psicopatía no hay cura. Además, la psicoterapia en estos casos funciona al revés; es decir, que sabemos que cuando hacen terapia envuelven al terapeuta, le manipulan, y aprenden nuevos trucos de la terapia para manipular a otras personas… En definitiva, que la terapia funciona al revés para ellos. El drama suele ser que, por ejemplo, cuando acuden a terapia de pareja un psicópata y su víctima, el que se gana al terapeuta es el psicópata, y no la víctima y, por tanto, esa terapia de pareja es una revictimización.


Si no es una enfermedad… ¿Es la psicopatía entonces un rasgo de la personalidad?

No. Es una forma de existir, es una personalidad en sí misma, una personalidad sin alma, una persona sin empatía, sin emociones, con indiferencia, frialdad extrema…; es decir, alguien muy peligroso porque es un depredador intraespecie, que vive de su víctima a nivel emocional, energético o, a veces, económico.


Salvo raras excepciones, el amor a los hijos es universal en la raza humana. ¿Aman los psicópatas a sus hijos como el resto de las personas?


No. Los psicópatas no aman a nadie, ni a sus hijos, ni a sus parejas, ni a sus padres. A nadie. Los utilizan, los depredan, los usan y, una vez usados, los dejan caer. El hecho de que no quieran a sus hijos resulta repulsivo para un ser humano normal, pero están incapacitados para amar; no es un problema de elección, es que no pueden, no tienen función emocional, no tienen apego, no sienten cariño, no sienten piedad, no sienten compasión… Hasta se ríen de los demás, porque son tan fríos que les hace gracia que las personas normales tengamos emociones. Dicen ‘mira, yo le digo esto y se siente culpable o se echa a llorar. Funciona’, y ensayan ese tipo de comportamientos.


Elegir a un psicópata como pareja


Hay personas que tras una ruptura amorosa con un psicópata o un maltratador, eligen de nuevo una pareja con características similares. ¿Es porque no se han repuesto del daño psicológico que han sufrido, o existen características de la personalidad que nos pueden hacer más propensos a sentir atracción por este tipo de relaciones?


No es porque elijan, esto es muy importante subrayarlo, porque la víctima no elige exactamente, sino que es seducida, embaucada, engañada, manipulada, bombardeada de amor, porque la técnica del amor zero –que es la del psicópata en la relación de pareja– es siempre la misma: es un caballo de Troya que entra en el alma de la víctima, y ante eso ésta no puede más que caer rendida y enamorada. Cree que está enamorada –de hecho, lo está–, pero la persona de la que está enamorada es una fachada, es una personalidad de cartón piedra construida por la capacidad del psicópata de leer las debilidades de la víctima, las vulnerabilidades, las heridas, y colocarse a la inversa, representando aquello que sería la solución a todos esos males o heridas, como una falsa personalidad. La víctima tiene la sensación de encontrarse ante su alma gemela, ante el amor de su vida y, por tanto, no puede evitar “elegir” –entre comillas–, ya que no elige libremente, sino bajo un potente influjo hipnótico, que es el que estos psicópatas integrados generan y ejercen sobre sus víctimas. ¿Y por qué la víctima cree ver un alter ego, un otro yo, un alma gemela? Porque el psicópata ha elaborado, ha pergeñado, ha fabricado esa personalidad, ‘al gusto’ de lo que ha leído en su víctima. Si tú necesitas un padre porque no tuviste padre, o porque fue un padre frío e indiferente, él se convierte en un padre, si no tuviste una madre amorosa, se convierte en una madre, si no te dieron cariño, sexo, etcétera, en una relación anterior, te va a dar sexo hasta el final; es decir, todo lo que presenta el psicópata en esa fachada es un artefacto, y por eso se produce el problema de la adicción al psicópata. A la víctima, incluso una vez que sabe que su pareja es un psicópata, no le resulta fácil desengancharse de él o de ella, porque sigue acordándose de esa máscara que cree que es la verdadera persona, cuando lo que hay detrás de esa máscara es una persona fría e indiferente, que calculó el momento adecuado, el momento de mayor vulnerabilidad, para entrar en la vida de la víctima y depredarla. Por eso las víctimas de un psicópata tienen una disonancia cognitiva y no saben a qué carta quedarse, no saben si de verdad están con un psicópata, o si son ellas las culpables, o si han hecho algo para que el psicópata les deje, etcétera.


¿Es posible que dos psicópatas se emparejen?

No, porque dos polos positivos no se atraen, y necesitan a alguien del que vivir. Un psicópata no va a emparejarse con alguien al que no le puede robar nada, ni depredar nada. Un psicópata, por definición, es alguien que no tiene reciprocidad de ningún tipo. En la relación de pareja con un psicópata las víctimas dan, y dan, y nunca recogen nada. Es dramático, y a veces la víctima se llega a preguntar si es ella la psicópata, pero esto es muy fácil de averiguar: solo tiene que preguntarse quién depreda a quién, quién se aprovecha de quién, quién vive de quién, quién utiliza a quién, quién engaña a quién, quién miente a quién. Son preguntas muy concretas, cuyas respuestas demuestran claramente qué tipo de persona tienes como pareja.


Dices que el plan psicopático es siempre trazado hasta el más mínimo detalle con premeditación; en ese caso… ¿Es imposible que un psicópata improvise con éxito sobre la marcha, adaptándose a la persona a la que desea manipular o a situaciones inesperadas?

Sí, claro que puede improvisar sobre la marcha, pero muy frecuentemente son años de observación atenta lo que hay detrás de un ataque, especialmente cuando la víctima y el psicópata pueden conocerse desde hace tiempo. Y se puede comprobar que el enganche se produce en el peor momento para la víctima, en un momento de alta vulnerabilidad, de alta emocionalidad, de carencia, como la desaparición de un familiar, una situación laboral complicada, algo que hace que la víctima está en una situación de gran dependencia o de vulnerabilidad. Aprovechan los momentos difíciles y complicados, las experiencias extremadamente dolorosas de la vida, para presentarse como el salvador, la persona que es la respuesta a sus oraciones.


Cómo recuperarse del amor psicopático


Explicas en el libro que tras la ruptura sentimental es muy frecuente volver a recaer –una media de siete veces– si el psicópata decide no terminar definitivamente con la relación. ¿Pero, si ha encontrado a otra víctima propiciatoria, o su ex pareja ya no se deja manipular como antes, por qué esa insistencia en seguir presente?

Porque los psicópatas no se dejan dejar. El psicópata no quiere que le dejen, no lo admite, y cuando la víctima, por ejemplo leyendo Amor zero, cae en la cuenta de que puede estar con un psicópata, y decide cortar la relación, el psicópata va a intentar regresar una y otra vez a su vida. ¿Por qué? Porque quieren chequear que ya no haya nada que depredar. Hasta que no se convenzan de que la otra persona ha quedado totalmente destruida no la abandonan del todo; si todavía tiene un potencial de parasitación, aunque sea de un pequeño porcentaje, van a seguir parasitando a la víctima. De hecho, suelen tener dos o tres víctimas en paralelo, porque no tienen ninguna moral, ni ética. El problema es que la víctima desconoce esa triangulación o que, incluso cuando la conoce, le genera mayor adicción o deseo del psicópata.


¿Cuál es el tratamiento o terapia indicados para las personas que se encuentran emocionalmente devastadas tras una relación con un psicópata?


Explicas en el libro que tras la ruptura sentimental es muy frecuente volver a recaer –una media de siete veces– si el psicópata decide no terminar definitivamente con la relación. ¿Pero, si ha encontrado a otra víctima propiciatoria, o su ex pareja ya no se deja manipular como antes, por qué esa insistencia en seguir presente?

Porque los psicópatas no se dejan dejar. El psicópata no quiere que le dejen, no lo admite, y cuando la víctima, por ejemplo leyendo Amor zero, cae en la cuenta de que puede estar con un psicópata, y decide cortar la relación, el psicópata va a intentar regresar una y otra vez a su vida. ¿Por qué? Porque quieren chequear que ya no haya nada que depredar. Hasta que no se convenzan de que la otra persona ha quedado totalmente destruida no la abandonan del todo; si todavía tiene un potencial de parasitación, aunque sea de un pequeño porcentaje, van a seguir parasitando a la víctima. De hecho, suelen tener dos o tres víctimas en paralelo, porque no tienen ninguna moral, ni ética. El problema es que la víctima desconoce esa triangulación o que, incluso cuando la conoce, le genera mayor adicción o deseo del psicópata.


¿Cuál es el tratamiento o terapia indicados para las personas que se encuentran emocionalmente devastadas tras una relación con un psicópata?


Nosotros desarrollamos lo que denominamos ‘talleres de recuperación emocional para víctimas de amor zero’, porque recuperarse de esta experiencia es muy difícil, y hay que considerar a la víctima del amor zero como un verdadero adicto, que está intentando desengancharse de una potente droga; y aunque sepa que su pareja es psicópata, y que está siendo destruido por él o ella, no es fácil que esa persona se desenganche por sus propios medios. Tenemos terapia individual, y terapia de grupo, y utilizamos la técnica de los doce pasos, que es la que se emplea en el caso de las adicciones, porque esto es una verdadera adicción. Hay tres elementos que facilitan la recuperación: el primero es la aplicación de la técnica del contacto zero. Con los psicópatas no se puede ganar nunca, y la única forma de no perder con ellos es no jugar, y no jugar significa no mantener ningún contacto de ningún tipo. Esto se dificulta a veces cuando hay hijos por medio, porque es necesario algún tipo de contacto, pero siempre hay que buscar el contacto mínimo, y especialmente el contacto visual cero, porque el contacto visual es hipnótico, y muchas veces vuelven a enganchar por ahí a las víctimas. El segundo consiste en la aplicación de la terapia EMDR, que es una terapia centrada en el estrés postraumático, que busca o pretende desensibilizar del trauma y reprocesar el trauma. No hay que olvidar que este tipo de individuos en la relación de pareja generan un trauma formidable, un trauma que no es maltrato físico, que rara vez utilizan –rara vez tienen que pegar a las víctimas porque no les hace falta–, pero la convivencia con una personalidad tan alterada va erosionando, minando, quebrando la resistencia psicológica, y llega un momento que tienen un cuadro postraumático, que es el cuadro característico de las víctimas de graves ataques como una violación, un atentado terrorista…, de acontecimientos terribles que no son comunes en la experiencia humana. Y la tercera pata es el paso del tiempo. Tiene que pasar tiempo, y pretender salir de una relación con un psicópata, sacudirse el polvo, y volver a otra relación, es utópico. No es fácil. Lo normal es que no enganchen después con ninguna pareja porque ningún ser humano les resulta ya ni parecido emocionalmente a la intensidad pasional que genera un psicópata, y por eso todo les parece una sosería, y te dicen ‘bueno, lo he intentando con un chico, o con una chica, pero no puedo, sigo pensando en el otro, sigo pensando en que no hay nada parecido…’; es decir, la víctima tiene además el problema de no poderse emparejarse durante un tiempo porque compara a una persona normal que no le va a manipular, que no le va a intentar seducir con artimañas, que no le va a bombardear erótica y sexualmente, con aquel otro que le ha encantado, pero manipulándolo.

Y luego la desconfianza porque el “gato escaldado del agua fría huye”, y la persona que ha sufrido a un psicópata, ya ve psicópatas por todas partes, y llega un momento en que cuando conocen a personas normales con las que podría empezar a salir, con el más mínimo roce, o la más mínima sospecha, están ya proyectando ese problema y rompen las nuevas relaciones con mucha facilidad, establecen relaciones muy quebradizas.


¿Y las personas del círculo íntimo del afectado, que seguramente se den cuenta mucho antes de que su pareja es un psicópata, pueden ayudar de alguna manera?


No tienen nada que hacer. Es muy raro, porque todo el mundo alrededor de la víctima ve lo que está pasando, menos la víctima. La víctima está enamorada, embelesada, en un trance hipnótico, y por más que los demás quieran despertarlo…, es una gestión imposible. Muchas veces la gente compra estos libros para regalárselos a su hermana, a su familiar… Y yo les advierto de que no cuenten con que eso vaya a tener ningún efecto, porque tienen que llegar, como digo yo, “a últimas”; tienen que llegar al límite de su capacidad de sufrimiento, tienen que hartarse de sufrir para decidir dejar de sufrir. Las personas que recibimos en nuestro instituto, que está especializado en este tipo de víctimas, cuando llegan a vernos están destruidas. Ya saben que su pareja o ex pareja es un psicópata, y lo saben desde hace mucho tiempo, pero el problema es que no pueden más, y por más que lo han intentado dejar no lo han conseguido.

Además, como también explico en un capítulo del libro, existe el eterno retorno del psicópata, que vuelve, y vuelve, y vuelve…, y cada vez la víctima retrocede a la casilla cero y empieza el proceso de duelo desde el principio. Haber mantenido una relación sentimental con un psicópata es una de las experiencias emocionales más terribles que puede experimentar un ser humano. Yo, que me dedico al mobbing y al bullying desde hace años, pensaba que atendía a las víctimas más abandonadas del mundo, porque la víctima de acoso laboral también tiene estrés postraumático, y los niños que sufren bullying igual, pero esto es superior todavía.


Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío. ¿Es posible vengarse de una pareja o ex pareja psicópata? ¿Qué es lo que duele o molesta especialmente a este tipo de personas?


Yo recomiendo que no lo intenten, que la mejor venganza para un narcisista maligno o un psicópata es ignorar su existencia. Odiar es un problema porque, primero, el odio es un veneno que tú bebes para que le haga daño a otro –una frase que escuché hace muchos años y es muy cierta–, y además hay que tener cuidado, porque los psicópatas derivan una cierta energía del odio y del resentimiento; les encanta ser odiados porque interpretan: ‘eso es que sigue pensando en mí…’. Así que lo mejor en mi opinión, y la conclusión a la que hay que llegar, es que la mejor venganza que una víctima puede emprender contra un psicópata es ignorar su existencia y hacer vida como si nunca hubiera existido esa persona; esto no pueden con ello los psicópatas. Cuando se ven ignorados, cuando se ven reducidos al contacto zero, esto les revoluciona, y por eso vuelven con la víctima –es perverso lo que hacen– solamente para volver a engancharla y que vuelva a sufrir, para demostrar así su poder sobre ella, y que son capaces de seducir y enganchar de nuevo, y volver a abandonar a la víctima; es algo así como ‘te la puedo volver a hacer otra vez más; si quiero, puedo dominarte otra vez’. Por eso, pueden pasar seis meses o un año tras la ruptura, y llaman o se hacen los encontradizos…

8/12/17

"Deja de racionalizar su comportamiento..." - Imagen


Nos quedamos en la edad en la que nos hizo falta amor


Nos quedamos en la edad en la que nos hizo falta amor
Nos quedamos en la edad en la que nos hizo falta amor

soyespiritual.com

Con mucha frecuencia me encuentro con personas que por fuera parecen de 20, 30 o 40 años, pero en su interior son como si se hubiesen quedado en su mas tierna infancia, aún añoran el amor que les hizo falta cuando eran pequeños. Y se quedan así hasta el momento en el que por su cuenta aprenden a encontrar la satisfacción en sí mismos

Nos quedamos en la edad en la que nos hizo falta amor.

Cada etapa tiene sus necesidades, es decir, la forma en que requerimos del cuidado y amor de los padres cambia año tras año.

En la etapa temprana de la niñez se forma la confianza, por eso en este punto de la vida el amor se expresa con los cuidados de la madre y su atención a las necesidades del niño. Si durante esta fase el cariño de la madre es poco constante o ella rechaza a su hijo, eso puede causar en él desconfianza y temor excesivo por su bienestar.

En la vida adulta es dificil establecer contacto con este tipo de personas; cuando entablan una relación de pareja es común que sientan la necesidad de probar a la otra persona, sometiéndola a situaciones que la hagan demostrar su fidelidad. Cuando se trata de relaciones interpersonales especialmente cercanas, pueden sentirse vulnerables e indefensos.

Un par de años mas tarde, a los 2 o 3 años de edad, el niño aprende a ser autónomo y desarolla el autocontrol. Si los padres dificultan el desarrollo de estas áreas, por ejemplo haciendo ellos lo que el niño puede hacer por si mismo sin dificultad, o por el contrario esperan que haga cosas que le serían imposibles, entonces se crea la sensación de vergüenza. Por otro lado, si los padres corrigen en exceso a su hijo sin tener en cuenta las necesidades reales y naturales de su edad, es de esperar que el nño tenga problemas para controlar el mundo que lo rodea, y controlarse a sí mismo.

Ya siendo adultos, en vez de ser seguros de sí mismos, este tipo de personas sienten que los demás los analizan detalladamente y los tratan con desconfianza y/o desaprobación. Tambien es posible que presenten síntomas de trastornos obsesivo-compulsivos y delirio de persecusión.

A la edad de 3 a 6 años el amor se demuestra incentivando la independencia, apoyando la iniciativa, la curiosidad y la creatividad. Si los padres no permiten que el niño actúe de manera autonoma en esta fase, y responden con castigos desmesurados al comportamiento del pequeño, se desarrollará en él el sentimiento de culpa.

La vida adulta de una persona con este tipo de carencias se caracteriza por la falta de enfoque y resolución para trazarse metas reales y alcanzarlas. Además, el constante sentimiento de culpa puede ser la causa de pasividad, impotencia o frigidez, y también de comportamiento psicopático.

En la edad escolar se desarrollan la diligencia y el amor al trabajo. Si en este periodo se duda de las capacidades del niño o de su estatus con relación a otros de la misma edad, eso puede quebrantar el deseo de seguir estudiando, y tambien puede dar paso al sentimiento de inferioridad que en el futuro acabará con su propia seguridad en su capacidad de ser un miembro activo y productivo de la sociedad.

Si los niños perciben los logros escolares y el trabajo como el unico criterio que determina su éxito, entonces en la vida adulta ellos seguramente se convertirar en la así llamada “masa trabajadora“ en la jerarquía de roles de la sociedad establecida.

Propongo extenderle la mano a tu niño interior, y ayudarlo a crecer. Para eso, busca una fotografía tuya de cuando eras pequeño, o sencillamente imaginate al niño que vive en tí. ¿cuántos años tiene? ¿cómo se ve? ¿en qué piensa? ¿quién está a su lado? ¿que le preocupa?

Habla con él.

Toma una hoja de papel y dos lápices de colores diferentes, uno con la mano derecha y el otro con la izquierda. Si eres diestro, con tu mano derecha será tu ”yo” adulto quien escriba, y con la izquierda será tu “yo” niño quien tome la palabra. Si eres zurdo, lo haces al contrario.

Ahora solo se trata de tí y tu niño interior. ¿Quién hablará primero? ¿como empezará la conversación? Las respuestas que obtendrás podrían ser inesperadas y sorprendentes.

Ahora, ya que encontraste a tu niño interior y estás hablando con él, es la hora de que entre los dos surja una relación: Conversa con ese niño todo el tiempo que él quiera, Pregúntale qué le hace falta: dale lo que pida. Llámalo por su nombre (el tuyo), dile palabras dulces y amorosas, exprésale tu amor, recomiéndale algo. Sé para él el padre que necesitabas cuando tenías esa edad.

Autor: Irina Parfénova — Psicóloga