20/10/17

Estas son las razones por las que las hijas no amadas atraen narcisistas

Estas son las razones por las que las hijas no amadas atraen narcisistas


Estas son las razones por las que las hijas no amadas atraen narcisistas

conocermemas.com

Las hijas de madres que no las aman tienen muchos problemas que provienen de haber vivido un estilo de vida cruel. Por eso atraen a los narcisistas:

Vivir con una madre narcisista es posiblemente uno de los maltratos más horrendos que se le puede hacer a un niño, porque -dependiendo del espectro narcisista donde se encuentre nuestra madre- puede ser tan sutil que ni siquiera nos damos cuenta de que estamos siendo maltratados.

Como escribió una hija con una madre narcisista tan elocuentemente:

“Tan diferentes como [todas las hijas con madres narcisistas] son, tan variadas como nuestras situaciones, edades, recuerdos, grados de sufrimiento o deseo de desahogarse, las consecuencias de ser criadas por este tipo de madres con esa enfermedad mental son esencialmente universales”.

Es una abnegación del alma, y yo diría que el daño que causa es más insidioso que la mayoría de las otras formas de abuso infantil.

Es completamente invisible para todos, incluyendo para el perpetrador (que literalmente no puede ver lo que está haciendo) y para su víctima. El daño que causa es omnipresente; es vicioso, dolorosamente injusto y mutilante.

Ciertamente no sabía que este abuso estaba ocurriendo. Cuando mi hermana se fue de casa a los 15 años, aunque estuvo viviendo con una vecina, y oficialmente dejó la casa para no volver a ser vista a los 17 años, todo lo que podía pensar era: “¿Cuál es su problema?”

Nunca se me ocurrió preguntarme de dónde venía mi propia depresión, mi intento de suicidio y mis constantes pensamientos suicidas, y mi desorden alimenticio.

Tan sólo internalizamos el estrés, y pensamos que somos nosotras las que estamos equivocadas, que somos horribles, y que tal vez incluso que estamos locas. ¡Esto se ve aumentado por el hecho de que nuestras madres narcisistas, y nuestros padres que lo permiten, nos dicen que estamos locas! Tal vez no con muchas palabras (aunque muchas veces sí hay muchas palabras), pero cada vez que nos hacen gaslighting o “luz de gas” para decirnos que nuestra memoria y nuestras percepciones están equivocadas, están diciéndonos que estamos locas.

En mi última conversación con mi madre me dijo paternalistamente que tenía una muy buena imaginación – que yo me estaba imaginando todo lo que estaba diciendo.

Tal vez todavía pensamos que nuestra madre nos ama porque nos dice que nos ama, y no sabemos lo suficiente como para darnos cuenta de que normalmente el amor no se manifiesta con maltratos, ni es debilitante, ni negligente. Y por supuesto, nuestro entorno nos dice, alto y claro y una y otra vez, que nuestra madre nos ama, y que necesitamos amarla. Y por eso, nuestros amigos no entienden nada de esto, y eso también hace que lo aceptemos en solitario.

Ciertamente no sabía que este abuso estaba ocurriendo. Cuando mi hermana se fue de casa a los 15 años, aunque estuvo viviendo con una vecina, y oficialmente dejó la casa para no volver a ser vista a los 17 años, todo lo que podía pensar era: “¿Cuál es su problema?”

Nunca se me ocurrió preguntarme de dónde venía mi propia depresión, mi intento de suicidio y mis constantes pensamientos suicidas, y mi desorden alimenticio.

Tan sólo internalizamos el estrés, y pensamos que somos nosotras las que estamos equivocadas, que somos horribles, y que tal vez incluso que estamos locas. ¡Esto se ve aumentado por el hecho de que nuestras madres narcisistas, y nuestros padres que lo permiten, nos dicen que estamos locas! Tal vez no con muchas palabras (aunque muchas veces sí hay muchas palabras), pero cada vez que nos hacen gaslighting o “luz de gas” para decirnos que nuestra memoria y nuestras percepciones están equivocadas, están diciéndonos que estamos locas.

En mi última conversación con mi madre me dijo paternalistamente que tenía una muy buena imaginación – que yo me estaba imaginando todo lo que estaba diciendo.

Tal vez todavía pensamos que nuestra madre nos ama porque nos dice que nos ama, y no sabemos lo suficiente como para darnos cuenta de que normalmente el amor no se manifiesta con maltratos, ni es debilitante, ni negligente. Y por supuesto, nuestro entorno nos dice, alto y claro y una y otra vez, que nuestra madre nos ama, y que necesitamos amarla. Y por eso, nuestros amigos no entienden nada de esto, y eso también hace que lo aceptemos en solitario.

19/10/17

El psicópata, un depredador al que nadie ve venir [19-10-17]

El psicópata, un depredador al que nadie ve venir

El psicópata, un depredador al que nadie ve venir

Parece que la psicopatía "pesada", la que gusta de mancharse con sangre, está dejando sus marcas con un reguero de hechos conmocionantes para la sociedad. Hurlingham ahora, el anestesista de Palermo, el asesinato de Candela Rodríguez, el encargado Jorge Mangeri? Sin embargo, esta psicopatía no es más que otra de las expresiones de la psicopatía que nadie quiere ver o, al menos, que a muchos les cuesta ver: la psicopatía cotidiana.

El psicópata que está entre nosotros disfrazado de "persona común y corriente". Aterra este concepto, el de que el depredador deambula disimulado entre nosotros y que en algún momento nos hará sufrir o, incluso, nos matará.

Mangeri era un "portero bueno"; el anestesista, un "médico dedicado", el masacrador de Hurlingham un hombre "sin estridencias" de quien incluso su madre dice que "algo le hicieron" para que haya hecho lo que hizo. Parecían comunes, pero hicieron lo que hicieron. Psicópatas disfrazados de normales. Al acecho.

Para evitar el pánico, la población, al enterarse de los asesinatos, califica a sus autores de locos, de enfermos. La mente normal no puede concebir que alguien le pegue un tiro en la panza a una embarazada: tiene que estar loco, no hay otra explicación.

Pero el psicópata, en realidad, no es un loco, ni un enfermo mental: es un distinto, tiene una manera de ser distinta. Tiene un vacío de emociones y de sentimientos, carece de amor, de solidaridad, de empatía. Es frío, calculador, egocéntrico y cosificador. Para él los demás no son personas sino objetos, cosas, utilitarios para sus fines. Con mente de estratega va tras sus objetivos sin importarle las consecuencias sobre los demás.

Nada de esto muestra a quienes lo rodean; al contrario, disfraza este hielo interno con una actuación acorde a lo que le exige el medio para no ser descubierto. Puede simular un gran amor, una gran solidaridad, puede clamar por justicia, puede liderar o parecer un ser simple y bonachón. Es persuasivo, incluso fascinador.

Cuando comete un acto psicopático y los vecinos se enteran no lo pueden creer porque "se comieron" el personaje que les armó el psicópata, nunca lo vieron venir.

Un médico rompiéndole la cara a una pareja en medio de una noche de drogas, un vecino que protagoniza la balacera civil más nutrida de la historia criminal argentina con el consiguiente tendal de muertos, un portero que viola, mata y tira a la basura a una adolescente de su edificio?

En primera instancia se cree que estos hechos son puntuales, reacciones del momento, y sin embargo son finales de procesos. Procesos elaborados en las mentes de estos psicópatas que sólo esperan la oportunidad para descargarse con hechos criminales.

¿Se pudieron prever estos actos? No. Porque la sociedad no quiere aceptar que existen los psicópatas, duerme mientras ellos maquinan sus planes depredadores.

Cuando se imponga el debate necesario y se difundan adecuadamente los conocimientos sobre estos seres, entonces sí la sociedad tomará los recaudos adecuados para evitar su agresividad. Así, la población tendrá la educación necesaria para detectarlos apenas muestren sus rasgos y huir de las penurias a las que sería sometida.


15/10/17

11 señales de que estás saliendo con un narcisista

11 señales de que estás saliendo con un narcisista patricio barriga pooley

11 señales de que estás saliendo con un narcisista

Su falta de empatía no saldrá a la luz inmediatamente.

belelu.com

Te estás enamorando, sí, pero tienes dudas de alguno de sus comportamientos. La gente no es perfecta, pero ¿no hay conductas demasiado sospechosas?

El narcisismo se define como la admiración excesiva y exagerada que siente una persona por sí misma, por su aspecto físico o por sus dotes o cualidades.

Los narcisistas son grandes seductores, pueden ser ricos, poderosos, talentosos, inteligentes, encantadores y deseosos de agradar al resto. Suena demasiado bueno para ser verdad, pero la falta de empatía puede irse notando con el tiempo.

El problema es que este tipo de personalidades no tienen dificultades en integrarse al mundo moderno, por ende, encontrarte con alguno puede ser más fácil de lo que crees.

¿Cómo identificarlos? El sitio Get The Guy nos brinda once señales de advertencia:

1. Necesita demasiada atención por sus logros menores

Hace la mayoría de las actividades para que la gente lo anime y le diga lo grande que es, y actúa como un niño si la gente no le da la atención que anhela. Es extremadamente sensible a la menor crítica. La mayoría de la gente quiere que su pareja sea su mejor animadora, pero sólo un narcisista quiere que ésta sea tan ciegamente devota como un fan de Justin Bieber.

2. Egoísta para dar elogios

Un narcisista rara vez te elogiará por tus propios logros o por las partes de tu personalidad que admira. De hecho, es probable que se vea amenazado por tu éxito.

3. Cada historia que cuentas se convierte en una historia sobre él o ella

Estás en medio de contarle sobre una discusión con tus padres, y antes de que te des cuenta, estás hablando de sus problemas de relación con su papá.

4. Envidia

Siente celos horribles de los logros de otras personas, y trata de menospreciar ese éxito. Todos siempre son peores cuando se trata de un narcisista.

5. Falta de curiosidad por ti

Tu mundo interior y tus pensamientos son de interés prácticamente cero y nunca está verdaderamente interesado en conocerte como persona.

6. Toma el crédito, pero evita la culpa

Toma crédito por todo lo bueno, y rara vez se disculpa por algo malo. Comparte sus triunfos con cualquier otra persona, y necesitará probar siempre cómo otros no jugaron ningún papel en sus éxitos.

7. Solo tú eres la de los problemas

Una persona narcisista asume que todos los defectos en la relación deben ser porque eres errática e irracional, no porque haya un error de su parte. Si te molestas, te tildará de emocional, y te hará sentir de alguna manera mal por ejercer injustamente presión sobre él o ella.

8. Ignora tus planes

Tus sueños son desechables y no aparecen en su radar cuando hace planes. Sus sueños, por otra parte, son de importancia de vida o muerte y una obsesión diaria.

9. Hace cosas para alimentar su imagen de sí mismo como una “gran persona”

Sólo hace cosas por ti porque piensa que te hacen más como él/ella o le hacen lucir mejor, no porque tenga interés en tu felicidad. Lo mismo ocurre con sus amigos y personas a su alrededor y siempre evitará a alguien que amenace esta identidad.

10. No te ayudará con tus proyectos

Si tu camino hacia alguna meta está en conflicto con su felicidad y sentimientos de superioridad, te convencerá de no seguirlos. Después de todo, ¿qué son tus proyectos al lado de su búsqueda épica de la gloria y la dominación?

11. Es incapaz de disculparse

No importa lo que haya hecho, siempre encuentra una manera de justificar y explicar por qué en este caso no fue su culpa o una manera de excusarse por haber hecho algo malo. También podría atacarte a ti para defenderse.

14/10/17

Enamorarse de un psicópata [14-10-17]


Enamorarse de un psicópata patricio barriga pooley


Enamorarse de un psicópata

¿Es posible enamorarse de un psicópata? La respuesta a la pregunta es «sí»: todos podemos enamorarnos de un psicópata.

No todos los psicópatas son como el doctor Annibal Lecter o el yupie — interpretado por Christian Bale — de American Psycho. Dentro de la psicopatía existe un amplio espectro que va: desde el criminal-asesino hasta el aparentemente encantador vecino de enfrente; una persona integrada en la sociedad que trabaja, estudia, tiene hijos y familia.

Los psicópatas, a pesar de ser personas narcisistas, egoístas y sin ningún tipo de empatía, también acostumbran a ser personas aparentemente encantadoras. Y digo aparentemente porque sólo lo parecen, no lo son. Pero si por algo destacan estas personas dañinas, es por su excelente capacidad de manipulación. Un rasgo esencial para conseguir enmascarar su verdadera naturaleza. Por eso, si sospechamos que nos estamos enamorando de una persona que encaja con estos rasgos de personalidad, es importante estar atent@s e identificar a tiempo otras características sutiles que nos quiten definitivamente la venda de los ojos y nos eviten un montón de problemas más adelante.

La posible víctima de un psicópata está siempre en una situación muy vulnerable porque, en primer lugar, no espera estar en las redes de un psicópata y, en segundo lugar —en parte como consecuencia del primero — es incapaz de detectar las señales externas que deberían ponerla en alerta y adoptar una actitud defensiva.


Lo que debes saber para no caer en las redes de un psicópata:


La característica principal de un psicópata es su anestesia afectiva. Jamás siente culpa por lo que hace y los únicos que sufren las consecuencias de sus actos son las personas de su entorno.  Los únicos sentimientos que un psicópata puede experimentar son:  cólera, ira o tristeza, cuando las cosas no salen como quiere. Cualquier cosa que haga, la hará movido por su propio interés y, para llegar a su objetivo, será capaz de simular amor, compasión, solidaridad, ternura y hasta amistad… aunque en realidad carezca de todos esos sentimientos y cualidades. Debes tener en cuenta que el máximo placer para un psicópata es anular la voluntad del otro, explotarlo, atacarlo y demostrar su superioridad respecto a su víctima. Cualquier estrategia es válida para conseguirlo.

Aunque no todos los psicópatas actúan dentro del mismo ámbito. Algunos manifiestan su patología dentro del ámbito familiar, otros dentro del ámbito laboral, o en el ámbito de sus relaciones personales y sexuales. Por ejemplo, un psicópata puede victimizar a su pareja e hijos y, sin embargo, ser una persona encantadora de puertas hacia fuera. La psicopatología también es conocida como «locura moral» o «locura sin delirio», porque la persona posee la capacidad de juicio intacta, sabe diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal, pero en cambio no le importa hacer daño a los demás si con ello consigue lo que quiere.

El psicópata, no llega a ser un enfermo mental, pero no es normal. No se corta un pelo a la hora de utilizar la mentira y con su locuacidad y encanto superficial es capaz de enredar al más avispado. Sin embargo, hay algunos detalles que le delatan: es arrogante,  e impulsivo, se auto valora de forma exagerada y casi siempre va en busca de estímulos para divertirse, porque tiene tendencia a aburrirse; quizás por eso algunos psicópatas suelen comportarse de forma promiscua y sus relaciones «sentimentales» duran muy poco.


¡Cuidado! Las 10 profesiones con más psicópatas:


¿Sabías que entre los abogados, los gerentes, los cirujanos y los comerciales se concentran más cantidad de psicópatas? Son profesiones que les llaman la atención porque los psicópatas son narcisistas de cuidado y el poder les gusta tanto como a un niño un caramelo.

Aquí va el ránking de las 10 profesiones con más psicópatas. Ten cuidado si te enamoras de un…:

1. CEO de una compañía / Líder político.
2. Abogado.
3. Personalidad de la televisión o de la radio.
4. Comercial.
5. Cirujano.
6. Periodista.
7. Policía.
8. Clérigo.
9. Cocinero/Chef.
10. Alguien que trabaje en el mundo financiero (banqueros, asesores, etc…)


5 sutiles señales para detectar a un psicópata:


A veces es complicado darte cuenta de que estás tratando con alguien al que le falta un tornillo, por decirlo de alguna manera. A pesar que hay aspectos muy reveladores sobre una personalidad con rasgos psicopáticos: la manipulación, la obsesividad, el narcisismo exacerbado… Otros, que nos pueden dar la clave de con quién estamos tratando, son menos obvios. En mi caso, hasta que no busqué información para escribir mi novela Amigas 4Ever — en la que aparece un psicópata — no caí en la cuenta de que a lo largo de mi vida me había topado con dos (ambos en el ámbito laboral). El primero era una mujer, y el segundo un hombre. Os puedo asegurar que no he visto cosas más tóxicas en toda mi vida.

Ahora me acabo de acordar de un chiste muy tonto. No, no me desvío del tema. Ahora verás porqué.

Va un tío conduciendo por la autopista y pone la radio. Están dando las noticias y, de repente, el locutor da un boletín de emergencia.

—Atención a todos los conductores que en estos momentos circulan por la autopista interestatal. Hay un loco peligroso conduciendo contra dirección.

El tipo que va conduciendo da un volantazo para no chocar frontalmente con un vehículo y exclama.

—¡Joder, qué dice! ¡No hay sólo uno!

Vale, el chiste es malísimo, pero viene a cuento. ¿Y si resulta que el/la mal@ de la película eres tú?

Te propongo un juego. Mira en cuántos de los 10 puntos que vienen a continuación encajas (yo juego contigo, me encanta jugar).


10 puntos para saber si eres psicópata (o te has enamorado de uno):


  1. Siempre buscas salirte con la tuya, sin importarte las consecuencias. Yo no. Punto descartado. Si tú también lo has descartado, vamos por buen camino 
  2. Te levantas muy tarde y te acuestas muy tarde. Los espíritus nocturnos suelen estar asociados a personalidades maquiavélicas, narcisistas y psicópatas (según un análisis encabezado por el doctor Peter K. Jonason). Caramba, yo podría encajar en esta definición. Soy ave nocturna. ¿Y tú? Vamos a seguir 
  3. No bostezas cuando ves bostezar a alguien. Según un estudio publicado en la revista Personality and Individual Differences, las personas con tendencias psicópatas son menos propensas a bostezar cuando ven a alguien más hacerlo, porque carecen de empatía. Ufff…, de esta me libro. Es pensar en un bostezo y ya estoy bostezaaaanggg…doooo….
  4. Tienes poco autocontrol y eres fanático de las recompensas. Esta la elimino de mi lista. No va conmigo. Aunque si me ofrecen chocolate como recompensa… ¿Qué tal, tú? ¿Cómo vas?
  5. Te gusta demasiado el café. Por lo visto existe una tendencia a la preferencia de ciertos sabores por parte de los psicópatas. Un experimento con 500 personas concluyó que aquellas con personalidades más narcisistas y agresivas eran más propensas a decantarse por sabores amargos, entre ellos el café. Bueno…, creo que voy a pasarme al té.
  6. Eres manipuladora. Utilizas diferentes estrategias, como victimizarte, criticar, amenazar y hacer sentir culpable al otro para conseguir lo que quieres. Lo confieso:alguna vez lo he hecho, pero no es mi modus operandi habitual.
  7. Eres mentirosa. Sabes que lo que estás diciendo es falso, pero resultas tan convincente, que esperas que los demás te crean. Nada. Cada vez que miento se me nota a la legua. Hasta me paso de sincera. ¿Y tú?
  8. Eres fascinante. Sabes que tu personalidad engatusa a todo el mundo y aprovechas esa ventaja para manipular a tu víctima de turno. No sé si genero fascinación, pero estoy segura que lo de manipular no va conmigo.
  9. Eres seductora. Utilizas la seducción con el fin de influir en el otro para modificar su opinión y/o comportamiento en tu propio beneficio. Mi respuesta es ídem a la anterior. Espero que la tuya vaya en mi línea.
  10. Eres intuitiva. Tienes una gran intuición para percibir las necesidades del otro y eso te va de perlas para controlarlo. Intuitiva a tope, pero jamás utilizo mi don para hacer daño, más bien lo contrario.

Llegados a este punto, declaro que no soy una psicópata. ¿Y tú? ¡Espero que tampoco! 😀

Pero recuerda, si intuyes que te has enamorado de un psicópata, huye de él como de la pólvora. Estos personajes sólo están bien en la ficción (dan mucho juego).

12/10/17

¿Soy un perverso narcisista? [12-10-17]

¿Soy un perverso narcisista?
¿Soy un perverso narcisista?


  • Un libro revela el mundo de las personas nocivas y destructoras de otras y da claves a sus víctimas para escapar de su cerco
  • Entrevista a Jean-Charles Bouchoux: "Marine Le Pen es una perversa narcisista"
Son seres muy muy dañinos, capaces de devastar por completo a sus víctimas, de arrastrarlas a un infierno de dolor y sufrimiento, de machacarlas por completo, de empujarlas incluso a cometer suicidio. De cara a la galería suelen dar buena imagen, pero con sus presas resultan absolutamente demoledores, tan nocivos que en algunos casos pueden llegar a ser letales. Rara vez utilizan la violencia física, pero son expertos en manipular el lenguaje, en darle la vuelta a las palabras, en herir con una simple frase.
Están en todos lados: en la oficina, en el puesto de trabajo, en los colegios, en el hogar... Son esos jefes que se ensañan con algunos de sus empleados, esos padres que acribillan a sus propios hijos, esos profesores que tienen en un puño a este o aquel alumno, esas personas en apariencia encantadoras y que, sin embargo, destrozan la vida de sus compañeros sentimentales. La psiquiatría tiene un nombre para ese tipo de individuos: son los perversos narcisistas.

Fue el psicoanalista francés Paul-Claude Racamier quien en la década de 1950 acuñó el término y el concepto «perverso narcisista». Lo definió como alguien con la necesidad, la capacidad y el placer de protegerse de sus propios conflictos internos con el peculiar método de machacar a otra persona. Y ahora ha sido otro psicoanalista francés, Jean-Charles Bouchoux, quien ha popularizado el término, de la mano de un ensayo titulado precisamente así, Los perversos narcisistas, que ha arrasado en Francia, donde lleva más de 200.000 ejemplares vendidos. El libro, que no sólo destapa quiénes son los perversos narcisistas con ejemplos reales, sino que también revela cómo actúan y cómo deshacerse de ellos, ha visto recientemente la luz en España de la mano de la editorial Arpa.

Para empezar, conviene saber que el perverso narcisista es alguien que utiliza el vínculo familiar, profesional, académico o amoroso para someter al otro. Porque para poder triturar a alguien es necesario que exista un vínculo fuerte. El perverso narcisista necesita proximidad con su víctima para poder actuar, y por eso mismo hará de todo para impedir que ésta se aleje de él.

Son personas frías, que no conocen la culpabilidad y que no dudan en señalar a los demás como responsables de todas sus desgracias. «Hace cargar a los demás con lo que debería ser su rabia, su miedo, su culpabilidad. O, dicho de otro modo, con su locura», en palabras de Bouchoux.

El perverso narcisista es alguien que no soporta sus propios conflictos internos y se los endosa a otro. De hecho, la palabra perversión proviene del latín per vertare, un término que significa invertir, cambiar el sentido. Y eso es precisamente lo que hacen los perversos narcisistas: expulsar sus conflictos internos endosándoselos a su víctima y haciendo cargar a ésta con su culpabilidad.

Su comportamiento cambia en función de las personas que les rodean y del contexto en el que se encuentren. En sociedad despliegan sus encantos y suelen parecer amables, cuando no directamente adorables. Son capaces de fingir compasión y de caer simpáticos. Son seductores y, si es necesario, pueden mostrarse sumamente serviciales, sobre todo, si con eso esperan lograr algo a cambio. Pueden ser tipos de apariencia tranquila, porque de hecho están tranquilos: tienen una víctima sobre la que descargar toda su rabia y resentimiento.

Pero, con su presa, toda esa amabilidad se evapora y se transforma en resentimiento. No tienen nunca en cuenta sus sentimientos ni necesidades, salvo para utilizarlos con el objetivo de manipularla y conseguir machacarla. Someten a su víctima y la empujan a la depresión, la violencia, la perversión, la locura, la enfermedad y, en los casos más extremos, a la muerte por suicidio o accidente.

Ellos, sin embargo, no suelen echar mano de la violencia física salvo en casos extremos, porque eso les dejaría claramente ante los demás como los malos de la película. Son mucho más sutiles. Racamier ya aseguraba que «el campo predilecto, el instrumento maestro de la perversión narcisista, es la palabra». También la psicoanalista francesa Simone Korff-Sausse asegura que «el lenguaje es el verdadero arma» de los perversos narcisistas. «Se sirven de él para someter a su víctima», sostiene. Y lo mismo opina el también psiquiatra y también francés, Alain Ksensée: «Se conformará con las palabras para destruir a su víctima».

Los perversos narcisistas son expertos en utilizar los dobles sentidos, en manipular conceptos y en darle dialécticamente la vuelta a la tortilla. Porque no sólo consiguen desorientar y machacar a su víctima, sino que logran incluso que ésta aparezca como responsable de lo que le sucede. Y el agresor, mientras tanto, conserva su apariencia de persona de bien y se hace pasar por víctima. «La violencia verbal puede ser tan peligrosa como la física o más. A través de la palabra se puede condicionar a una persona al suicidio», advierte Bouchoux.

Entre los varios ejemplos de casos reales que Bouchoux cita en su libro, hay uno muy revelador del uso manipulador que los perversos narcisistas hacen de la palabra. O las perversas narcisistas, porque en este caso se trata de Andrea, una mujer. Un día, ésta le suelta a su novio que su historia de amor ha terminado: «Mírame a los ojos, lo nuestro ha terminado». Pero al día siguiente le llama y, aunque ha sido ella la que lo ha plantado, le acusa de no amarla lo suficiente. «¿Por qué te fuiste? Deberías haber luchado. Si no lo has hecho, entonces no mereces la pena».

Es un ejemplo de manual de lo que son las técnicas del perverso narcisista. Aunque ha sido Andrea la que ha dejado a su pareja, gracias a su manipulación dialéctica ha traspasado la culpa a su novio, lo que le permite a ella presentarse como víctima.

La comunicación paradójica es otra de las armas favoritas de los perfectos narcisistas. Es una técnica que le permite desorientar al otro, enredarlo en un laberinto de informaciones contradictorias e impedir de ese modo que pueda tomar distancia, pensar y reaccionar de forma sana. Los típicos: «Te quiero, pero no te soporto», «Quiero dejarte, pero no puedo vivir sin ti», etcétera, etcétera.

En realidad, todos echamos mano en alguna que otra ocasión de la comunicación paradójica. Pero un perverso narcisista la emplea como arma recurrente para desvalorizar y debilitar a su víctima, que en un momento dado ya no sabe dónde está la realidad y dónde la mentira. La presa del perverso narcisista se muestra confundida mientras que su agresor sabe muy bien dónde se encuentra y cómo se encuentra: omnipotente. Además, los perversos narcisistas suelen elegir como víctimas a personas con falta de confianza o baja autoestima, bien por circunstancias de su infancia o porque se encuentran en una situación de especial tensión e incertidumbre, como, por ejemplo, tener un nuevo empleo.

¿Qué hacer ante uno de ellos? Bouchoux es rotundo: poner distancia de inmediato, sin darse más plazo. Sólo así, saliendo de la órbita que le impone a su víctima el perverso narcisista, ésta se dará cuenta de la locura de aquel.

El problema es que el agresor lo sabe, así que hará todo lo posible para que su presa no pueda alejarse y analizar la situación con racionalidad. Por eso, trata de impedir que la víctima frecuente a personas que podrían hacerle ver el aspecto anormal de su relación.

Precisamente por eso, Bouchoux señala que es muy importante que la víctima se ponga en manos de una persona neutral y cordial, quien no dudará en ayudarle a ver la realidad tal como es y en nombrar al perverso como tal. Porque la comunicación paradójica, las agresiones violentas, la desvalorización del otro seguida de la seducción, suman a la víctima en un estado tal de confusión que provoca que no sea capaz de ver la realidad por sí sola. De hecho, es tal el daño que hacen los perversos narcisistas que quienes consiguen librarse de sus garras presentan con frecuencia síntomas de estrés post traumático semejantes a los que muestran quienes han pasado por una guerra o una catástrofe.

Pero no es fácil alejarse de un perverso narcisista. Para un niño, por ejemplo, es más fácil separarse de unos padres suficientemente buenos que de unos padres que no lo han sido. Y para los adultos resulta más sencillo pasar por la ruptura de alguien de quien se tiene una buena imagen que de la de alguien que no.

10/10/17

La impunidad del psicópata

La impunidad del psicópata
La impunidad del psicópata


perfil.com

Todo aquello que en el universo carece de razón es un objeto. Una cosa. A las cosas las concebimos como seres inanimados. Y se las valora, generalmente, por su utilidad. Se las contempla como medios. Los seres racionales, los que constituyen la especie humana, son considerados personas. Su naturaleza es esencialmente distinta de la de las cosas. No son medios, sino fines en sí mismos y como tales deben ser respetados. Immanuel Kant (1724-1804), el pensador alemán considerado padre de la filosofía moral, desarrolla esta idea en Fundamento de la metafísica de las costumbres.

Con una cosa se puede hacer lo que uno quiera. Golpearla, destruirla, usarla mal o bien. Un carpintero puede cuidar o no su martillo, pero no le debe respeto a la herramienta. Podemos desatender el mantenimiento de nuestro auto, pero eso no será una falta de respeto hacia el vehículo. Para faltar el respeto a una persona, para maltratarla, para ser indiferente a su dolor, a su necesidad, para rebajar su dignidad y, en demasiados casos, para matarla, hay que rebajarla primero a la categoría de cosa. Eso es lo que ocurre en la mente de un torturador, de un femicida, de un golpeador, de un explotador, de un sicario, de un tratante. En fin, de quien pone a otro ser humano en la categoría de cosa. El mismo Kant sostenía que no estamos obligados a amar. “Un mandato relativo a que se deba hacer algo de buena gana es contradictorio”, escribía. Y apuntaba que se puede tender al amor, puesto que éste es un ideal, pero jamás puede ser una exigencia. Distinta es la cuestión con el respeto. Más allá de todas las diferencias, el respeto hacia la dignidad del otro, su consideración como humano y no como cosa, sí es obligatorio y es fundamento de la moral. Como sintetizaba otro Emanuel, en este caso el lituano Lévinas (1906-1995), la moral se sostiene en una frase de cuatro palabras: “Usted primero, por favor”.

Cuando Julio De Vido disparó la nefasta frase según la cual nadie sufrió más que él por la masacre de Once que costó la vida a 52 personas usuarias del Ferrocarril Sarmiento (no fue una tragedia, porque las tragedias son inevitables, como se sabe desde los griegos), se colocó en el otro extremo de estas ideas y se autoexcluyó como sujeto moral. Algo similar hizo su jefa inmediata de aquel entonces al decir, en una reciente entrevista televisiva, que no le cabe ningún remordimiento porque tampoco, como jefa de Estado que fue, tenía responsabilidad. Su impúdica afirmación de que la culpa fue del maquinista vino a demostrar que, como era de sospechar, a ella y a su subordinado (¿o cómplice?, ¿o socio?) no los unió nunca el amor sino el espanto que sus palabras y conductas pueden provocar, como lo hacían entonces y lo hacen ahora, en quienes se atienen a pensamientos y conductas que responden a principios básicos de la moral.

La ausencia de registro del dolor ajeno mostrado por estas personas, la carencia de empatía, la ignorancia del sufrimiento provocado por sus actos, la negación a hacerse cargo de las consecuencias de éstos, que es fundamento de la responsabilidad, el desprecio hacia cualquiera que les recuerde lo que hicieron y lo que dejaron de hacer, tienen una llamativa coincidencia con lo que los especialistas definen como psicopatía. El doctor Hugo Marietan subraya en sus obras (entre ellas, El jefe psicópata y El psicópata y su complementario) que el psicópata no es un enfermo y, por lo tanto, no es tratable. Lo suyo es un modo de estar en el mundo, al margen de la noción de bien y de mal. Hay en él una impunidad interior por la cual su fin justifica los medios. Ve a todos como inferiores, los considera cosas, que valen según su utilidad. Y sólo modifica su conducta si le conviene. Calcula Marietan que los psicópatas abarcan el 3% de la población, por lo cual habría unos 900 mil en el país. Y uno de cada tres es mujer. Bueno sería que, cuando alguno accede al poder, aquella impunidad interior no se convierta en impunidad exterior.