13/8/17

¿Spaghetti o macarrones? La elección de un sociópata [13-8-17]

¿Spaghetti o macarrones? La elección de un sociópata

 Se suele dice que alguien es mejor o peor persona según sus convicciones morales y según su comportamiento se corresponde con ellas o no. La moral puede ir desde la defensa de los derechos humanos y la lucha por ellos y por la libertad, hasta la idea de superioridad de una “raza” y la consiguiente subordinación o exterminio del resto, para así lograr, sin importar los medios empleados, lo que ellos llamarían “un mundo mejor”.

Pero, ¿qué ocurre entonces con los sociópatas? Son personas sin sentimientos y que carecen de moral. ¿Esto les hace peores personas? No. Alguien es mejor o peor persona si su moral es mejor o peor, entendiendo como una moral mejor aquella que más defienda y luche por los derechos y libertades de todos los seres humanos. Pero si una persona no tiene moral, ¿qué es? Se podría decir que, debido a que carece de moral, no es una persona en el sentido moral (valga la redundancia) y emocional de la palabra o, si queremos usar un único término, podríamos llamarlos “no-personas”.

Pero un sociópata, aunque carezca de moral, es un ser con inteligencia, y por tanto comprende nuestros valores morales. Tiene libre elección de respetarlos e incluso luchar por ellos, o no. Podríamos considerar que esa elección es lo que le hace ser mejor o peor persona. Pero nos estaríamos equivocando porque, para él, la moral no tiene ningún sentido emocional y, por tanto, no es algo relevante; es decir, la causa de su elección es el mero capricho, y tan pronto puede ser un arduo defensor de los derechos humanos como decidir que va a hacer todo lo posible para tener poder y control sobre la sociedad, sin importar los medios que tenga que usar ni si tiene que saltarse uno, dos o cuarenta derechos fundamentales (de hecho, la media de sociópatas aumenta notablemente en las altas esferas con respecto al resto de la sociedad). Por tanto, para él, escoger entre una moral u otra, es como para nosotros escoger entre comer spaghetti o macarrones: no importa, porque es prácticamente lo mismo.

De vez en cuando, nos sorprende alguna noticia acerca de asesinatos brutales y, cuando vemos al culpable con un carácter increíblemente sereno e indiferente y sin remordimientos por sus acciones, pensamos: “Este es un sociópata (o un psicópata[1]). Está loco”, o algo por el estilo. Pero los sociópatas no solo cometen grandes asesinatos. Hay sociópatas en nuestros barrios; en nuestros trabajos; y el número aumenta en nuestros Gobiernos y Parlamentos y en las grandes empresas; de hecho, las personas con más rasgos sociopáticos en toda la historia no son solo personajes como Jack el Destripador, Ted Bundy o Adolf Hitler, sino también otros como el famoso (ahora más que nunca) Donald Trump.

“Hemos de conocer bien a las personas con quienes nos relacionamos, para así evitar macabros asesinatos y otros sucesos no muy agradables”. Este consejo no es correcto. Casi nunca podemos reconocer a un sociópata simplemente “conociéndolo”. De vez en cuando, alguno manifiesta abiertamente sus rasgos sociopáticos sin importarle las consecuencias, pero esas son solo unas pocas excepciones, muy pocas. Los sociópatas son tan temibles porque no los reconocemos hasta que ya es demasiado tarde. Por ello, para reconocer a un sociópata, es necesario dejar de lado las emociones y observarle objetivamente para detectar las sutilezas de su sociopatía. En cierto modo, para detectar a un sociópata antes de que actúe, hay que ser un poco sociópata.

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